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24 de enero de 2014

Números y "Valores"

Valemos más de lo que costamos. Es cuestión de autoestima.

¿Quién no se ha sentido en algún momento “como un número”, o a quién no le han “montado un numerito”? Expresiones como estas, no contribuyen a la buena reputación de nuestro amigo o enemigo, el número, según se mire. Y es que esta representación simbólica de una determinada cantidad o medida no se nos presenta bajo una sola apariencia, porque todos tenemos un determinado peso, altura, fecha de nacimiento, un documento nacional de identidad, un teléfono, un pin, una clave, una contraseña, un calzado, una cuenta corriente, un saldo, una nómina, un autobús o línea de metro habitual, una hora que nos apremia, una velocidad propia y ajena, unos días de vacaciones, un número de empleado, de tarjeta sim, de calle, una nota de examen, y hasta un precio que pagar por estar vivos; por no aburrir, no incluyo las valoraciones que a lo largo del día emitimos en forma de opiniones, impresiones, sensaciones y emociones, en distintos niveles numéricos.

En nuestra sociedad “desarrollada”, con claro modelo capitalista, y en un contexto agudo y prolongado de crisis ,los conceptos de número, cifra o cantidad, se encuentran algo más que interiorizados, no sólo en la conciencia, sino en el corazón de los ciudadanos de a pie. Palabras tales como la dación en pago, la prima de riesgo, el ibex treinta y cinco, el número de desempleados, el índice de precios al consumo, la inflación, la encuesta de población activa, la deuda y el déficit público, la base imponible, el euribor y su diferencial, etc, hacen que en lugar de pensar en términos objetivos de existencia, nos “rompamos la cabeza”, “echando números”, para llegar a mediados de mes; sí, digo mediados, porque ¡oiga, con la que está cayendo!, pensar a tan largo plazo como a treinta días, además de agobiar, se le hace a uno “mu largo”, ¡eso! recortemos palabras y papel, y sino al tiempo-la imaginación perversa de los gobernantes tiene límites insospechados- ya verán.

Porque los políticos no recortan modos de vida, ajustan números, ¿sabe usté? Por cierto la tontería también se mide en términos numéricos de coeficiente intelectual; si, si, han oído bien, in-te-lec-tual, ¡casi nada! Pero, ¿dónde están los intelectuales, que no se les ve, y lo que es más triste, ni siquiera se les escucha? El número no sólo es un dato, es información, y como tal es susceptible de ser utilizado o manipulado con fines nobles, lícitos e ilícitos, según los intereses de cada grupúsculo o persona. Desplacémonos sino en el tiempo a cualquier manifestación social, y contrastemos cifras de sus asistentes, en los distintos medios de comunicación.

Los números también marcan tendencia. En la Bolsa, podemos ver como se inflan los precios de salida de determinados valores, que a la hora de su venta, no valen ni de lejos su precio de salida. El número para algunos, es una forma de vida, un negocio. La clase política, conoce bien el poder del número, por eso lo maquillan, lo visten, y lo sacan a la calle como dato irrefutable en sus coqueteos electorales, un arte para razonar lo menos posible, ya saben: “una imagen vale más que mil palabras”.

El número tiene también sus distintas formas de cálculo. Existe el modo convencional o aritmético, pero existe otro tipo de cálculo más refinado, sofisticado e interesado, me refiero al cálculo maquiavélico. El Estado de modo convencional “hace su agosto” numérico con la lotería nacional. “Los mercados”, utilizando números prediseñados por ellos de forma maquiavélica, como la prima de riesgo- país, destituyen primeros ministros, secuestran democracias así como derechos adquiridos por las sucesivas generaciones a través de la extorsión, embolsándose de esta vil manera sustanciosos beneficios en cuestión de minutos.

Pero eso no es todo, la verdadera cultura de las letras y de las ideas, ha sido suplantada por la “culturilla” exclusiva y obsesiva de los números y de su depresión, vamos lo que de forma coloquial algunos- yo no me atrevo- denominan “cultura financiera”, ¡toma ya! Y claro que se han conseguido avances cuando el número en cuerpo y alma, y no el dato en sí, ha sido utilizado con nobles fines para el progreso de la humanidad, ahí tenemos ejemplos vivientes de ilustres científicos, matemáticos, e investigadores que gracias a sus cálculos numéricos, han aportado inventos e ideas geniales, pero sin el lenguaje y sus valores, me temo que ninguno de ellos hubiese sido posible. Y es que detrás de cada crisis económica o numérica, ha existido una cadena de palabras encaminadas a restaurar la paz. Concedámosle pues a este su respectivo espacio, homenaje y supremacía.

Ahora bien, si hay dos conceptos cuánticos que condicionan sobremanera al ser humano, son el dinero y el tiempo. Tal es la complicidad que existe entre ellos, que incluso llegan entre ellos a comprarse y venderse. El problema o la solución no es el número, sino el uso que hace el hombre del mismo, el valor moral con el cual se opera. Sin duda lo más fácil es ponerse todos los días la camiseta, pero lo más importante y urgente es colocarse imaginariamente el dorsal que desde nuestro fuero interno nos corresponde, y no el que nos pretenden otorgar. Valemos más de lo que costamos. Es cuestión de autoestima.

José Luis Meléndez. Taller de Escritura. Dámaso Alonso. Madrid, 24 de Mayo del 2012
Fuente de la imagen: guarderiasalamanca.com

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