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28 de septiembre de 2020

El móvil

El móvil nos ha robado las visitas, el álbum de fotos, y las comidas familiares

Ya no suena el teléfono con la cadencia interrumpida de antaño. Entonces era el hilo más inmediato que nos unía. El lugar en el cual solía estar ubicado, era uno de los más anhelados. Por él pasaban todos los miembros de la familia. La mayoría de sus conversaciones eran públicas y se compartían entre todos los miembros. El teléfono pasaba de una mano a otra y cohesionaba de esta forma la unidad familiar. La mayoría de las veces ocurría cuando la llamada no era para nosotros, o a la hora de compartir la felicitación de alguna onomástica.

Hace más de una década que el móvil acabó con el teléfono. Desde entonces nos oímos pero nos escuchamos menos. Antes la llamada se producía para comunicarnos algo especial como una inminente visita, o simplemente para saber de nosotros, momento que se aprovechaba para preguntar por todos los allegados.

Desde la aparición del móvil la comunicación se ha individualizado y ha perdido en gran parte la función social que nos mantenía más unidos como grupo humano. Por eso a fecha de hoy sigo manteniendo esta aversión a la oficina de bolsillo. Es cierto que la aparición del Smartphone, incorpora algunas funciones que ayudan al usuario en su vida diaria. Pero no es menos cierto que dichas prestaciones las paga el usuario con esas, y otras disfunciones, que afectan de manera directa a su vida personal.

Con el eufemismo de móvil, las empresas tecnológicas nos venden una oficina móvil de bolsillo, factura que paga en tiempo el usuario al poder dedicarse a otras actividades enriquecedoras, que le pueden hacer crecer como persona. Por lo que se puede constatar, que no solo es una cuestión de tiempo, sino de energías desaprovechadas, a las que habría que sumar factura mensual de la empresa, para saber cuál es el coste real de su utilización.

A través del teléfono fluía la comunicación y la emotividad de una forma directa, sin intermediarios, ni memes, que desvirtuasen nuestros mensajes y nuestros sentimientos. No cambiaría nunca un “te quiero” hablado, por otro escrito. El tono de la voz y la forma de decirlo, e incluso de repetirlo si es preciso. El móvil por el contrario nos ha robado las visitas, el álbum de fotos, y las comidas familiares.

El teléfono por cable supo darnos la libertad y la verdadera independencia. Entonces nos relacionábamos de una forma natural, y no hacía falta ir con el holter adherido al cuerpo, las veinticuatro horas del día, sin caer en la cuenta de su enferma adicción.

No me fío de un aparato en el cual tenga que invertir más tiempo del que uno necesita, y que por si fuera poco, puede ser hackeado. No me fío del nombre engañoso que le han puesto, ni del adjetivo sospechoso de “inteligente”, cuando lo que hace es convertir al usuario, en un tonto a su servicio. Ni estoy de acuerdo con el sustantivo de “móvil”, cuando el usuario se mueve más utilizándolo con un dedo, que desplazándose adosado a él como una bomba lapa.

No me gusta el móvil. Puestos a elegir prefiero el despertador: suena una vez al día pero gracias a su sonido, te ayuda a aprovechar el día. Y por supuesto antes de darme de baja de una red social, me daría de baja de un Smartphone.

José Luis Meléndez. Madrid, 12 de enero del 2019. Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org

16 de septiembre de 2020

2ª Fiesta nacional

¿Estaremos los madrileños ante los comienzos de una segunda “Fiesta" nacional...?

Hasta el día de hoy los madrileños desconocíamos la supuesta obsesión, o tal vez afición, que profesa nuestro alcalde, Martínez Almeida, por los árboles muertos. Hace unos días, en uno de los paseos que acostumbra a dar para encandilar a sus vecinos, más que para interesarse por sus problemas y opiniones, se le pudo ver deambulando por una de las galerías comerciales del Camino Viejo de Leganés, ubicado en el distrito de Carabanchel, acompañado por el Concejal de distrito. Imágenes que muchos telespectadores pudimos contemplar en el programa de televisión Todo es mentira, que presenta Risto Mejide, y que emite la cadena de televisión Cuatro.

Mientras dirigía su mirada a un carnicero, y a sus herramientas de trabajo, entre las cuales se encontraba una tabla de cortar, formada por una parte de tronco de árbol, don José Luis le manifestó a su propietario la belleza muerta de dicho ejemplar, quién sabe si también del negocio entero, y le preguntó a continuación si lo había heredado. Ante la respuesta negativa del comerciante, Míster Green 360 (3 árboles mal podados, 6 talados, y 0 repoblados), pudo comprobar que dicho resto cadavérico no pertenecía a ninguno de los centenares de árboles que hasta la fecha, en su corta legislatura, ha tenido el honor de talar, o lo que es lo mismo, de dejar sin vida, merced a su equipo conservador y de “conservación” de talas.

De llevarse a cabo la tala de 37 árboles en la Colonia El bosque, que en un principio pensaba realizar de espaldas a los vecinos, actos a los cuales, se le olvida, o no tiene tiempo de acudir don José Luis, como vecino de Hortaleza,  tengo el gusto de emplazarle a que al menos esta vez tenga el detalle de acudir a dicho acto, para que al menos, nos firme algunos ejemplares de los que piensa ejecutar, desmembrar, igual o más de hermosos que el de su estimado comerciante, y que al parecer tanto admira. Serán al contrario que los del carnicero, unos restos que guardaremos, recordaremos, y veneraremos muchos vecinos de esos seres que nos acompañaron durante medio siglo, con el respeto y la dignidad que se merecen.

Además el alcalde tendrá de nuevo una excelente oportunidad, para darnos a los vecinos, las debidas y tardías explicaciones y disculpas, sobre las talas masivas e injustificadas que ha llevado a cabo, que está llevando por los distintos distritos de la capital, y que tal vez piensa llevar de ahora en adelante. Y como no, la de prometernos un mundo mucho más feliz y de happy flowers, gracias a la resurrección de ejemplares y especies que don José Luis tenga a bien elegir, que para eso Madrid, es su jardín privado.

Estoy seguro que tanto yo como mis vecinos, si llega el caso, sabremos agradecerle el daño que nos ha causado, el destrozo que ha hecho, y su incuestionable labor de “conservación” en cuanto a talas y zonas verdes se refiere. Esperamos al menos que la presente sirva para que el señor Martínez, haga honor al nombre de su Madrid 360, cuyo objetivo era el de reducir la contaminación de la ciudad, y dé esos trescientos sesenta grados reales en favor de los ciudadanos y de los árboles que eran, son, y esperamos sigan siendo vecinos de la Villa y Corte.

Yo como vecino, tendré el gusto de proponerle que dicha “conservación de talas”, sea una actividad que se vea incluida, junto con las corridas de toros en la Concejalía de Cultura. Porque matar sin anestesia y hacer de ello un espectáculo público, aún sigue siendo considerado un arte para algunos, en la España del siglo XXI.

¿Estaremos los madrileños ante el inicio de una segunda “Fiesta” nacional…?

José Luis Meléndez. Madrid, 16 de septiembre del 2020. Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org

11 de septiembre de 2020

Enfermedades

Cabría preguntarse por qué el ayuntamiento habla tanto de la “enfermedad” de los árboles, y no de las enfermedades que padecen los ciudadanos por su ausencia


“Lo vamos a reponer todo”, asegura Francisco Muñoz, Director General de Agua y Zonas Verdes del Ayuntamiento de Madrid, dirigiéndose por primera vez a los vecinos del distrito de Retiro, después de haberles talado sus 32 árboles de la Plaza Niño Jesús. Incluso el dolor, y el sobresalto que hemos causado a los vecinos, le ha faltado decir. Agradezcamos al menos la generosa disposición a reunirse con los vecinos después de haberles talado sus árboles, mientras se encontraban de vacaciones. Y ante todo no perdamos la esperanza, porque es incluso posible que ante la misma sangre fría que han mostrado, aún les quede la poca vergüenza de mostrarnos sus condolencias y ofrecernos gratis en estos durísimos momentos, sus servicios de duelo.


Las bondadosas palabras del señor Muñoz recogidas por el diario El País, han tranquilizado a los vecinos del Retiro, que se han creído, igual que los vecinos del distrito Hortaleza, (a los cuales el Consistorio aún debe más de 90 árboles, 90 razones, y 90 disculpas), las tardías, inoportunas y bochornosas explicaciones del Director municipal. ¿Estaban también “enfermos” o con “signos de regresión”, los más de 100 árboles que el equipo de motosierras Almeida taló en el mes de febrero para construir un macrogimnasio en dicho distrito, y que la Comunidad de Madrid denegó gracias a la presión de los hortalinos? Esperemos como consuelo la futura foto del alcalde madrileño plantando un arbolito, azada en mano, en el distrito que considere más oportuno.


Hasta la fecha se desconoce lamentablemente si el arboricidio es una “enfermedad”, “un signo de regresión”, o ambas cosas a la vez. Lo que sí se sabe con certeza, es que el empleo excesivo de eufemismos y de excusas sin sentido constituye una tomadura de pelo hacia los vecinos de la Villa y Corte. Porque definir e incluir en un proyecto denominado de “Conservación (ojo) y Renovación de Zonas Verdes”, la tala de 32 árboles, es algo que ofende la inteligencia de muchos vecinos. Nos imaginamos en qué tanatorio descansan “conservados” los restos de esos árboles.


Alega de igual forma el Consistorio a los vecinos, después de haber llevado a cabo semejante operación, que no se le puede recriminar al actual ayuntamiento la plantación de ejemplares no apropiados que en su día llevó a cabo otro equipo. Una forma de intentar desviar la atención sobre las peticiones de los vecinos. Porque lo que estos reclaman es en primer lugar la presentación de los informes médicos de dichos ejemplares, que en su día debió presentar la Administración local, en los cuales se acredita su “enfermedad” y su “regresión”.


Los vecinos, como no podía ser de otra forma, se han creído tanto las explicaciones estériles del señor Muñoz, que aún siguen pensando que “Es muy raro que todos los árboles estuvieran enfermos a la vez”. Las adicionales justificaciones y reiterados esfuerzos por justificar dicha actuación, no han hecho más que aumentar las sospechas de los vecinos. Justificaciones como “La plaza tenía un aspecto al que se podía sacar más potencial” (¿urbanístico tal vez?), han despertado las sospechas de los vecinos, cuando al comprobar los planos de dicho proyecto, han constatado que el 40% de dicha superficie no va a ser suelo repoblado. ¿Cómo piensa entonces el equipo de Almeida repoblarlo todo?, se preguntan los vecinos.


El crecimiento acelerado de algunas especies ha sido otro de los inconsistentes argumentos a los cuales ha recurrido el mencionado representante municipal: “algunas especies crecen deprisa”, motivo por el cual, cabría pensar que resulta más rentable talar un árbol que podarlo, aún a costa de la salud de los vecinos. Porque la masa verde a repoblar nunca será igual a la talada.

La mayoría de los árboles talados eran cipreses de Arizona, los cuales van a ser repoblados (aún está por ver) por ejemplares árboles de menor edad, tamaño, y frondosidad pertenecientes a las especies Liquidambar styraciflua, y Magnolia. Entre los motivos de dicha tala el ayuntamiento aduce que “los cipreses de Arizona son la segunda especie más alérgica por detrás de las gramíneas". Con dicha tala, en lugar de su poda, se prioriza a un colectivo mucho menos numeroso que el resto de vecinos, los cuales a partir de ahora respirarán más contaminación. Una toxicidad que con la entrada de septiembre y el retorno del tráfico a la ciudad, Madrid ha vuelto a recuperar. Niveles que prevalecen durante todo el año en contraposición a las alergias primaverales. Fabulosa y brillante argumentación.

Como puede verse y constatarse, las “enfermedades” de los árboles llevan tiempo afectando la salud de los ciudadanos madrileños. Cabría preguntarse por qué el ayuntamiento habla tanto de la “enfermedad” de los árboles, y no de las enfermedades que padecen los ciudadanos como consecuencia de su ausencia. La falta de comunicación, de transparencia, y la actuación a espaldas de los ciudadanos están creando otro tipo de alergias que están afectando desde el punto de vista emocional a los vecinos de Madrid. Los árboles deben crecer más despacio, aunque las motosierras de Almeida no hayan parado ni en verano, que ya es decir.


Esperemos que el oso que figura en el escudo municipal de Madrid no incline más de la cuenta el majestuoso madroño en el cual acostumbra a posarse. No sea que el actual equipo municipal decida talarlo y dejarnos a los madrileños sin el árbol más representativo de nuestra ciudad.


José Luis Meléndez. Madrid, 10 de septiembre del 2020

8 de septiembre de 2020

La botella

La vida es esa botella que descorcha la naturaleza cuando nacemos

El ritmo de la vida con el paso del tiempo se ha vuelto vertiginoso. Tanto que ha llegado a distorsionar nuestro grado de percepción: no son los años los que pasan, somos nosotros los que pasamos por este camino que es la vida, de una forma acelerada. El hombre tiene prisa por hacer, pero no por vivir en el sentido amplio del término. Una prisa que le interesa al sistema para que el ciudadano no piense y sucumba a sus distintos y continuos mensajes. “El tiempo no es oro, es vida”, decía José Luis Sampedro.

La vida es esa botella de cristales opacos que descorcha la naturaleza cuando nacemos, que oculta de forma misteriosa el resto de su contenido transformado en tiempo, es puesta a nuestra disposición como un reloj de arena, que marcará el efímero transcurso de nuestra existencia. Hay botellas que contienen en su interior el sabor ácido de la niñez. Pero ese licor con el paso del tiempo es capaz de despertar, de fermentar, de endulzar y de ir formando el cuerpo y el alma de la madurez.

Hay mostos suaves, intensos, intermedios, y otros que sin dejar de ser interesantes, prefieren pasar desapercibidos. Cada uno tiene su peculiaridad, su personalidad natural, y su carácter o graduación alcohólica. No es lo mismo degustar o escuchar por medio de los sentidos el lenguaje de un vino tinto, blanco o rosado, que el de un vino joven o de reserva. El viticultor, el enólogo, y la tierra contribuyen a otorgarle esos rasgos que determinarán la peculiaridad de cada uno de esos caldos.

Los últimos días de una botella no tienen por qué tener un sabor amargo. Hay botellas que sin llegar a ser abiertas, se rompen y se caen al suelo como consecuencia de un accidente. Y otras que al perder su tapón y al dejar de entrar en su interior el aire y el agua, terminan perdiendo su aroma y su esencia. El último trago una vez bebido, puede endulzarse si uno interioriza los distintos momentos y sabores que como viticultor consiguió conferir a su propio caldo, por medio de ese proceso de autorealización que es la fermentación en su propia bodega, en su propio cuerpo. Muy pocas botellas tienen la suerte de llevar una vida digna, longeva y de calidad. La mayoría de ellas tienen como destino el mercado de consumo. Solo una minoría logra llevar una vida interior, sabia y reposada en la cuba del alma.

Existen caldos conservados en botellas que viven más años que una persona. Algunos de ellos acaban sus días bajo ojos, olfatos y estómagos indignos de semejantes rituales. Nunca sabrán, ni llegarán a entender lo que una botella de vino, de cava o de vino siente al abandonar la paz y el silencio de su templo. Esa posición de reposo y de conocimiento que un día abandonó , la cual le permitía comunicarse a diario con el corcho, para acabar erguida en una mesa.

Cada uno de nosotros somos como alguno de esos caldos. Da lo mismo que unos seamos más nobles, en el sentido social de la palabra que otros. Que tengamos o no denominación de origen. No importa nuestro color, sabor o apariencia. Lo que cuenta el día del descorche, es el grado de autofermentación o de perfeccionamiento que cada uno de nosotros hayamos podido alcanzar. Antes de ser arrebatados, abiertos, catados e ingeridos por la tierra. Por el mismo suelo que un día dio vida a esa uva.

José Luis Meléndez. Madrid, 18 de noviembre del 2018.
Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org

7 de septiembre de 2020

Firmas contra la tala


POR FAVOR, COMPARTIR

Con motivo de la inminente tala de 37 árboles de más de 50 años que pretende llevar a cabo el actual equipo del Ayuntamiento de Madrid, algunos vecinos de la Colonia El Bosque, nos mostramos contrarios a dicha actuación por los motivos que detallamos a continuación.

Con su participación y su firma, pulsando este enlace, dedicando unos segundos de su tiempo, puede salvar la vida de estos árboles.

MUCHAS GRACIAS

Vecinos contra la operación “Bosquecito”

Estamos contra el proyecto de remodelación de la calle Añastro:

1.- Porque la Asociación de Vecinos ha aceptado las exigencias del Ayuntamiento, sin contar con la aprobación mayoritaria de los vecinos.

2.- Porque el proyecto contempla la tala de al menos 37 árboles, sin considerar otro tipo de actuaciones como son el ensanchamiento y saneamiento de las aceras exclusivamente afectadas.

3.- Porque la tala de dichos árboles no garantiza su reposición, ya que por ley el Ayuntamiento, en compensación entrega una cantidad al vivero, y es el propio Ayuntamiento el que decide en qué lugar de Madrid se plantan.

4.- Porque se priorizan en teoría intereses personales mediante la construcción de aparcamientos, cuando lo que se perjudica con este proyecto es la salud de los vecinos, ya que como consecuencia de la pérdida de masa vegetal de césped y de arbolado, los vecinos respiraremos más aire tóxico.

5.- Porque la colonia es una zona residencial que no presenta problemas de aparcamiento, de tráfico, ni de obstrucción de viandantes, que justifiquen dicha actuación.

6.- Porque dicha remodelación ha conllevado acciones que no respetan el medio ambiente, como son talas en periodo estival, con aves en periodo de cría, y pérdida de césped que no se repondrá.

7.- Porque el proyecto no ha sido explicado de una forma pormenorizada a todos los vecinos, y se han iniciado dichas actuaciones estando de vacaciones.

8.- Porque no se han repoblado antes de dicho proyecto las numerosas tumbas de árboles que rodean nuestras casas.

9.- Porque la Asociación lejos de defender los intereses y el nombre de El Bosque, ha señalado a los árboles como víctimas, y ha actuado más como una delegación del Ayuntamiento, que como una Asociación que representa a todos los vecinos y vecinas.

10.- Porque de llevarse a cabo dicha actuación quedará comprometido el nombre y el logotipo del árbol que dignificaba y representaba nuestra colonia.

José Luis Meléndez. Madrid, 22 de agosto del 2020

1 de septiembre de 2020

La decisión

Han sido unos momentos de tensión generados por la impotencia a los que nos ha sometido la ley injusta y discriminatoria de protección animal

Hace unos días varios vecinos nos reunimos en la calle Añastro de Madrid, para manifestar nuestro rechazo ante las talas indiscriminadas que el actual equipo municipal pretende extender por la Colonia  El Bosque. Uno de las razones que aducimos es que se han llevado a cabo talas en periodo estival, cuando los árboles más sufren como consecuencia de la mayor circulación de savia y porque es un periodo posterior a la primavera de nidificación, en la cual muchas aves aún no han abandonado sus nidos. A continuación les presentaré una prueba fehaciente de ello.

Son las ocho de la mañana. Me dispongo a dar el primer paseo con mi mascota por la ruta habitual. Al pasear cerca de unos contenedores de basura me percato de una bandada de palomas que andan picoteando, intentando abrir un envase de plástico que contiene en su interior algo de comida. Entre la bandada de aves se encuentra un polluelo medio quieto. Me acerco para cerciorarme de su estado. Compruebo que se deja coger, lo cual indica que algo le pasa. Desisto hacerlo en estos momentos, ya que llevo a mi mascota. El animal termina metiéndose asustado debajo de uno de los contenedores naranjas. Decido volver para proceder a su rescate en cuanto deje a mi mascota en casa.

Vuelvo al lugar. Aún permanecen las aves en el mismo sitio. Busco al polluelo en cuestión entre el numeroso grupo, pero no le veo. Oigo a lo lejos el camión de la basura que dentro de unos minutos pasará por el lugar en el cual me encuentro a levantar los contenedores. Espero a que esto ocurra con objeto de ver si el polluelo se encuentro debajo con objeto de que no le hagan daño. ¡Hay suerte!: se trata de un camión encargado de recoger los contenedores de color naranjas. Espero a que levanten el último de ellos, en el cual supuestamente se encuentra el polluelo.

Al levantar el contenedor veo al animal impasible e inmóvil. Me dirijo al conductor, primero con señales, diciéndole que pare, antes de que baje el contenedor. Luego me dirijo a su ventanilla y le informo que hay un animal, para que me dé tiempo a recogerlo. El conductor asiente. Con el contenedor colgando encima de mi cabeza, procedo a recoger al animal, a enseñárselo al conductor, y a agradecerle su humanidad.

Una vez llego a casa llamo a la Policía Municipal. Me identifico como blog colaborador de la UMA (Unidad de Medio Ambiente de la Policía Municipal de Madrid), y procedo a dar aviso de rescate a esta Unidad, a la cual me une una gran admiración, como así lo demuestra el poema “La verdadera hermandad”, publicado en mi primer poemario Versos arrimados, que en su día escribí y entregué a la Unidad en sus dependencias.

A los pocos minutos recibo una llamada de dicha Unidad, mientras busco en un contenedor una caja de cartón para acomodar al animal. Me informa el agente muy cordialmente que Brinzal, Asociación de rapaces con la cual colaboraba la Agrupación ya no recoge este tipo de animales. Según la ley solo se pueden recoger cierto tipo de palomas. Aún así y a la espera de ver de qué especie se trata, la Unidad queda en ponerse en contacto conmigo.

Entretanto con la caja ya en casa, vuelvo a coger el animal para supervisar su estado. No presenta heridas, su aleteo es enérgico, y al acariciarle el pico, se encuentra motivado para comer. Intento hacerlo pero sin éxito, ya que no abre la boca. Considero dos posibilidades. La primera: dejarla en el mismo sitio que la encontré, con el riesgo de que la atropellen, la coja otra persona con fines poco nobles, o se la coma un gato. Y dos: dejarla en un jardín al cual tengo acceso y visito a diario.

A las 09:00h se presenta en casa una pareja de agentes de la UMA. Informo sobre su historial y debatimos su destino, mientras uno de los agentes intenta identificar el tipo de paloma en cuestión. Antes de entregar el animal pregunto a los agentes cual va a ser su suerte. Les manifiesto las anteriores salidas antes de condenar al animal a su final más triste.

El agente me dice que el animal va a ser entregado al CRAS (Centro de Recuperación de Animales Silvestres), perteneciente a la Comunidad de Madrid y situado en el Soto de Viñuelas, en la localidad de Tres Cantos. Al preguntarle sobre el tipo de actuación que dicho centro suele adoptar con respecto a otros animales, me dice que hace una semana entregaron una cotorra argentina y que le manifestaron que no la iban a sacrificar. Una gran sensación de alivio recorre todo mi cuerpo, y procedo a la entrega del animal.

Ha quedado una vez más patente la sensibilidad, la vocación, y el amor que la UMA sigue mostrando desde sus inicios hacia los animales, así como la vocación de servicio y la capacidad de compromiso que llevan a cabo en cada una de sus actuaciones, con respecto hacia sus conciudadanos.

Han sido unos momentos de tensión generados por la impotencia a los que nos ha sometido una ley injusta y discriminatoria de protección animal. En primer lugar para el animal, pero también para los agentes que actúan como pueden, con las manos atadas, y para un servidor. Aún así nos queda la satisfacción final de la obra cumplida. Una actuación llevada a cabo entre la ciudadanía, varias unidades municipales (Medio Ambiente y Limpieza), y varias Administraciones locales, como son el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Gracias a todas las personas que han colaborado en esta operación.

Una vez más, gracias a la existencia de una perra se ha logrado rescatar a otro ser vivo, que sea cual sea su especie, tiene el mismo derecho a vivir que todas las criaturas. Son muchas las palomas que este servidor ha tenido el gusto de rescatar. De ninguna de ellas he sido infectado, pero si que he sido contagiado por enfermedades transmitidas por humanos. Y si lo hubiera estado, lo hubiera preferido, antes que irme de este mundo sin haber prestado auxilio a una criatura tan inválida e indefensa. Si algún día, por la ley del karma, alguno de ustedes tienen la mala suerte de reencarnarse en una paloma urbana, ya saben el destino que les espera.

José Luis Meléndez. Madrid, 1 de septiembre del 2020