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16 de junio de 2018

Incompetencia

La incompetencia de la clase política se está convirtiendo en un problema humanitario

En Europa existen dos tipos de refugiados: las personas que se ven obligadas a abandonar sus respectivos países, y los políticos que viven escondidos y refugiados en sus despachos; alejados de la realidad y de los problemas de los ciudadanos.

Los primeros se juegan la vida propia, y la de sus familiares y amigos, al pretender iniciar una vida digna. Los segundos tienen sus necesidades y sus derechos más que cubiertos. Cobran ingentes cantidades de dinero por hablar, reunirse, y pasan más tiempo en sus despachos climatizados y enmoquetados que en los lugares en los cuales la necesidad aprieta. Son ciudadanos sobreprotegidos por el sistema al que dicen representar. Les gusta aun así emplear la palabra igualdad en sus aburridos y pomposos discursos, con objeto de intentar camuflarse y pasar desapercibidos.

Poseen escolta, buenos casas y coches, y sueldos insultantes, si se compara la productividad de cada uno de ellos con los del resto de la sociedad a la cual creen representar. Suelen alimentar más sus estómagos que sus corazones, anteponiendo sus propios intereses a los de los ciudadanos que han depositado en ellos su confianza. Tienen una justicia que vela más por ellos, una nevera surtida con productos selectos, y una cuenta corriente por la que corren más los ingresos que los gastos.

Los ciudadanos del Aquarius, son personas menos ambiciosas y más necesitadas.  Son víctimas de una clase política que les expulsa de su país, y de otra impasible, (perteneciente según dicen a una sociedad más avanzada en lo económico y queda por ver si en lo moral), ante 629 personas que lo único que piden es una oportunidad para iniciar sus vidas y las de los suyos.

La desunión europea, ha escurrido recientemente el bulto y ha asegurado que “no tienen competencias”, y ha instado a los Estados miembros a que resuelvan el asunto ellos mismos. La Unión Europea, sin embargo, es capaz de ponerse de acuerdo en 48 horas, si de lo que se trata es de bombardear cualquier posición enemiga. Y de llegar en pocos días a cualquier acuerdo económico que mejore su desinterés humanitario.

Ante esta pasividad muchos ciudadanos se preguntan qué hubiese pasado, si en lugar de tratarse de ciudadanos libios, los pasajeros hubieran sido europeos. Y si en caso de asistirles no hubieran incurrido en ciertas actitudes xenófobas que tanto critica la desunión. Se preguntarán con toda razón también los europeos si esta unión de países no es tan solo un club financiero. Cuestiones que deberían haber aclarado y despejado sus propios representantes. O al menos no estar entorpeciéndolas con esta cómplice pasividad.

La falta de sensibilidad  de los “líderes” europeos, y la incompetencia de la clase política se está convirtiendo en un problema humanitario. Una situación que puede agravar más frágil relación entre los países miembros. La democracia cristiana europea ha quedado con esta actitud, moralmente invalidada para criticar las políticas proteccionistas del Presidente Trump, mientras sigan convirtiendo uno de sus mares en un cementerio. Porque mientras el mandatario  americano boicotea productos exteriores, los líderes europeos hacen lo propio con personas pertenecientes a distintos países, en situación de extrema necesidad.

En los próximos días los representantes de los distintos países deberán trazar una hoja de ruta común, que permita abordar el tema, y atajarlo desde un punto de vista legal, asistencial y humanitario. Entretanto quedarán en entredicho los valores del viejo continente. El gobierno socialdemócrata de Sánchez, ha comenzado su andadura tomando medidas contra la inmigración. Una medida por medio de la cual se ha visto compensado en medio de los complicados asuntos domésticos, y que a su vez ha permitido enviar al Parlamento Europeo un efecto “llamada de atención”. Un gesto que han agradecido muchos europeos y españoles que durante unos días se han sentido avergonzados.

Los españoles se han dado cuenta que no hace falta llevar una bandera, asistir a un desfile, o ver un partido de la selección, para poder sentir el orgullo de ser un ciudadano español.

José Luis Meléndez. Madrid, 16 de junio del 2018.
Fuente de la imagen: proactivaopnearms.org