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28 de abril de 2026

Los ciudadanos esperan

Los ciudadanos esperan (aún) un modelo que les permita reafirmar sus principios personales, morales e ideológicos

Sociedades polarizadas, individuos sometidos a la sobrecarga emocional e irracional de los algoritmos, de las noticias y opiniones no contrastadas. La nueva geopolítica, no solo está poniendo en cuestión las leyes internacionales, gracias a las cuales el mundo actual ha ido evolucionando hasta tal y como lo conocemos hoy.

Esta involución mundial imperialista ha alterado los principios de respeto y de igualdad que existían entre las distintas naciones, socavando a su vez la confianza indispensable y necesaria a la hora de establecer relaciones comerciales, políticas o de Estado.

La falta de confianza o de credibilidad es una muestra evidente de como las formas en todos los ámbitos de la vida y muy especialmente a la hora de entablar relaciones, terminan influyendo en el fondo y por ende, en el propósito u objetivo final que se persigue. De la fuerza de la razón de antaño, el nuevo imperialismo, ha pasado a la razón de la fuerza, es decir, al totalitarismo.

El resultado de esta gerontocracia, es un mundo más violento, más inseguro, más injusto, más toxico, más unilateral y menos democrático. En resumidas cuentas más inmoral y dañino, en donde los más pobres e inocentes pagan con su vida las decisio nes irracionales y despiadadas de cuatro locos.

Un mundo en el que los ciudadanos que habitan en él, esperan cada día, porque lo necesitan para seguir creyendo en su especie, un modelo que les permita reafirmar sus principios personales, morales e ideológicos. Unos principios y unos derechos que les han o están arrebatado unos pocos.

Esta semana, gracias a la lectura de un artículo, he tenido la inmensa suerte de identificar a uno de estos modelos de humanidad. Su protagonista es a la vez un superviviente y un salvador. El protagonista en cuestión es un doctor y se llama Robert A. Montgomery. A sus 65 años, es en la actualidad director del Instituto de Trasplantes Langone Health, de la Universidad de Nueva York.

Entre sus éxitos más destacados se encuentra el primer trasplante de riñón de cerdo a humano modificado genéticamente. Pero también ha viajado a Ucrania para realizar trasplantes a víctimas del conflicto, a pesar de su enfermedad hereditaria.

El doctor Montgomery vive gracias al corazón de un donante drogadicto con hepatitis C que murió de una sobredosis de heroína con la aguja inyectada en el brazo. Como consecuencia de la miocardia dilatada hereditaria que padece, el corazón se vuelve cada vez más débil, lo que provoca arritmias mortales. De hecho afirma haber sufrido siete muertes súbitas cardiacas en 10 años.

Ya a los 27 años, según cuenta, le abrieron el pecho, insertaron los cables y le colocaron un desfibrilador en el corazón. De esta forma se convirtió en el primer cirujano del mundo en tener un dispositivo de este tipo implantado en el cuerpo.

El problema de los trasplantes radica en que solo el 1% de las personas que fallecen hoy en día son aptos para ser donantes, ya que los órganos suelen estar dañados por enfermedades o lesiones. Y otro handicap es que muchos receptores mueren en el proceso.

Según el mencionado facultativo, el año pasado solo se realizaron 4.500 trasplantes en Estados Unidos, mientras que al mismo tiempo murieron 90.000 personas por sobredosis, muchas de ellas infectadas de hepatitis C. Ante este triste y desolador panorama, Montgomery se planteó gracias a previas investigaciones con resultados satisfactorios, aprovechar los órganos infectados de estas personas para que una vez trasplantados pudieran ser tratados, curados y sometidos a antivirales. Un proceso por el que el mismo pasó.

A pesar que se conoce el gen que desencadena esta enfermedad, en la actualidad no existe un tratamiento para esta dolencia. Tampoco se puede hacer nada para detener su progresión por lo que a día de hoy, todas las personas afectadas necesitarán un corazón nuevo.

Al igual que su padre, los hijos de Montgomery padecen la misma enfermedad hereditaria, pero eso lejos de parar, esta situación le anima más a seguir investigando. A pesar de haber estado siete veces muerto, de vivir gracias a la muerte de un fallecido, el doctor incansable, el corazón de corazones, continúa con su más alta y noble aspiración: seguir salvando vidas.

José Luis Meléndez. Madrid, 28 de abril del 2026. Fuente: Facebook.com