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25 de mayo de 2022

Realidad y actualidad

La diferencia existente entre la realidad y la actualidad se llama mediatización

Es curioso observar cómo a pesar de la naturaleza agresiva de la información, la actualidad no nos impide acudir cada día al kiosko o a los titulares de los diferentes medios informativos. Da la sensación que el hombre necesita sentirse un ser agraciado; un náufrago que logra salvarse en medio de las zozobras y las tempestades diarias que azotan y amenazan cada día su integridad física y espiritual.

Las noticias como se sabe, nos permiten tener conocimiento de la realidad lejana o inaccesible. Gracias a ella y en base a nuestros análisis y a nuestros filtros personales, psicológicos e ideológicos tratamos de obtener cada día una imagen lo más fidedigna posible del mundo que nos rodea.

Pero la información no solo forma parte de una necesidad personal. También tiene una función socializadora. Compartir la información nos permite contrastar nuestros puntos de vista con los demás miembros del grupo. Cada titular tiene su historia, su imagen, su intensidad y su impacto informativo y emocional sobre nosotros.

Suele decirse coloquialmente que “la actualidad manda”, y eso, además de ser una frase desafortunada, forma parte de una triste realidad. Porque lo que de verdad debiera prevalecer en nosotros, es la interpretación personal que cada uno realiza en su día a día. No los titulares proselitistas elegidos y masticados por otras bocas, servidos en nuestras mesas y platos, sin  nuestro previo consentimiento, como es el caso de todos esos watshapps  acompañados de vídeos sesgados, que invaden nuestra capacidad de razonamiento y nuestra dignidad como personas.

No conviene pasar por alto, otro de los tópicos que asegura que la información es poder. ¿Poder para quién? ¿Para el ciudadano o para el que controla la información y por tanto las mentes de su auditorio? Doy por hecho que muchos de ustedes, habrán experimentado la misma sensación que yo. Y es la de sentirse acosado por el excesivo flujo de actualidad al que estamos sometidos. Hablo de la radio en el coche, del periódico en el transporte público, del móvil en el trabajo o de la televisión en casa, por citar varios ejemplos.

Omito como ven los vídeos extraoficiales que circulan por las redes sociales, con fines poco lícitos y tan peligrosos que logran influir con su propaganda falsa en los procesos electorales y que han llegado a provocar la salida de algún país de la Unión Europea. Un tema como ven, lo suficientemente serio e importante para prestarle la atención y el tiempo que el mismo merece.

El problema por tanto, surge cuando se acude a la realidad con objeto de transformarla en actualidad. Entonces podemos  llegar a tener distintos tipos de actualidad sobre una misma realidad. De esta forma podemos hablar de medios conservadores, progresistas o más o menos neutrales y moderados.

En términos generales podría decirse que lo real siempre es actual, mientras que lo actual, nunca es real. En otras palabras, nunca llegaremos a conocer la realidad, en su amplio sentido, por medio de la actualidad. Entre otras cosas, además de por el correspondiente sesgo ideológico, por el tiempo que esta tarda en llegar a nuestros sentidos. Así que podemos decir que la actualidad es una realidad caducada.

La diferencia entre la realidad y la actualidad, es que la primera es inmutable, pero la actualidad puede ser manipulada. La diferencia existente entre la realidad y la actualidad se llama mediatización. La información como alimento, además de su presentación y su estética, necesita su observación, su análisis y su digestión y reposo interior.

Huyo por tanto de esas prótesis manuales que algunas personas y empresas tecnológicas han intentado adaptar a mi organismo y que terminan apoderándose de nuestra mente, cual programa informático Pegasus.

Como se ha visto y demostrado todos estos artilugios, nos roban tiempo, energía, paz, libertad, intimidad, seguridad, y como se ve en numerosos eventos sociales, algo tan básico como es la educación. Es más, desde que han salido al mercado, apuesto a que han conseguido más adeptos que todas las religiones a lo largo de los siglos, en el mismo periodo de tiempo, claro está.

Comprenderán ahora, al menos algún motivo, por el cual he renunciado siempre a tener uno de estos ladrones del tiempo. Mi realidad tecnológica está más cerca del hombre del campo que hace un uso racional de la tecnología, que la de un urbanita abducido por la secta del dedo, o lo que es lo mismo, por la Santa Hermandad u orden de la cabeza bajada. Aunque también es posible que me esté volviendo un poco hipocondriaco. Porque hasta hoy pensaba que las prótesis, eran una especie de ortopedias diseñadas exclusivamente para personas con algún tipo de lesiones o carencias físicas.

José Luis Meléndez. Madrid, 24 de mayo del 2022. Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org

9 de mayo de 2022

Confieso

Confieso que he sido espiado de forma sistemática durante años

Confieso que he sido espiado de forma sistemática durante años, por varias empresas,  previo aviso contractual de las mismas, como consecuencia de mi actividad profesional. El primer día que una superiora me conminó a escuchar con ella, varias de las comunicaciones que había mantenido con diversos clientes, casi me da un parraque.

Diré más; aún hoy en día sigo espiado desde hace decenios por la Agencia Tributaria, Organismo dependiente del Ministerio de Hacienda, mientras el Consistorio monitoriza y captura imágenes de mis paseos privados y personales por las principales calles de la capital.

Prosigo. Hace no mucho tiempo, un par de entidades bancarias, además de tener conocimiento por medio de mi tarjeta de cuales son los establecimientos comerciales que frecuento, llegaron a amenazarme en su día con bloquear mi cuenta, si no actualizaba mis datos personales o remitía la documentación requerida.

Hay más. Empresas públicas de transporte, entre otras entidades en cuyas recepciones poseen cámaras, invaden mi intimidad y graban de forma ininterrumpida, cada uno de los gestos que realizo en los frecuentes trayectos y vehículos en los cuales suelo desplazarme.

Ya en mi domicilio, empresas privadas y públicas, monitorizan mis llamadas y mis circunstancias personales cada vez que llamo a cualquiera de mis proveedores. Y si navego por internet y me conecto a diversas páginas web de obligado acceso, las cookies de dichos proveedores espían mientras tanto mis preferencias personales y comerciales con objeto de comercializar con esa parte que forma parte de mi vida personal.

El señor Pere Aragonés, sin embargo es un ser privilegiado, porque al parecer solo le ha espiado presuntamente el CNI. Y en lugar de alegrarse y enorgullecerse (los servicios de inteligencia, como su nombre indica, solo espían a los listos que intentan saltarse la ley), le ha sentado mal. Y eso que los presuntos espías, han tenido a bien no presentarle los resultados de las presuntas escuchas, lo cual le ha evitado pasar semejante trance.

¡A quien se le ocurre espiar a un ciudadano de la clase política, perteneciente a una formación que en su día declaró la independencia de Cataluña sin el permiso de todos los españoles, mientras entonaba la canción de Alaska: “no me arrepiento, volvería a hacerlo...”.

Supongo que no soy el único ciudadano al cual le produce cierta ternura ver como algunos políticos conservan aún intacta la pureza virginal de la inocencia, que les hace pensar, o dar por hecho, que no podían ser espiados “sin autorización judicial”,  como lo fue en su día el Rey emérito, en la época en la que el CESID, antiguo acrónimo del actual CNI, realizaba escuchas aleatorias, y que como hemos visto soportan en algún grado el resto de españoles. ¿Qué le importa que le espíen a uno, si tiene la conciencia tranquila? ¿Tienen acaso, algo que temer?

“Quién crea que esto se va a tapar y no se va a cargar la legislatura no está evaluando lo que tiene enfrente. Esto es un escándalo a nivel internacional”, decía Gabriel Rufián. No le falta razón al señor Rufián en su media verdad. Es un escándalo no internacional, sino universal que determinados miembros nacionalistas republicanos (la democracia, al parecer, tiene sus límites regionales), se extrañen y monten el pollo universal de las escuchas, sabiendo que la mismísima Merkel, sin contar con los antecedentes de su señoría, fue espiada por parte de un aliado, como es Estados Unidos.

Tal vez suponga ser mucho más escándaloso ver como el señor Rufián y el señor Iglesias, le han tomado el relevo al señor Abascal, más que al señor Feijóo, que sí ha apoyado en esta ocasión la comparecencia de la directora del CNI por delante de sus intereses partidistas, a la hora de hacer oposición al gobierno, mientras su formación, de forma paradójica, califica a la ministra Margarita Robles como “la ministra favorita de la derecha” (sic).

Rompo una lanza por tanto por todos y cada uno de los trabajadores civiles y militares del CNI, los cuales están sufriendo un desprestigio injusto e inmoral de sus funciones, como consecuencia de las luchas fraticidas de la coalición de gobierno, y que por añadidura, están consiguiendo aumentar el perfil electoral de sus adversarios, en vísperas de unas elecciones andaluzas.

Actuar contra un organismo indefenso en su réplica y contra unos servicios que han demostrado con su trayectoria estar al servicio del Estado por encima de los intereses partidistas del gobierno de turno, utilizando además a  tus socios de gobierno como cabeza de turco para airear y desprestigiar su imagen, constituye un acto de cobardía, y una falta muy grave de Estado.

Los políticos deberían aprender algo del CNI: a hablar menos y trabajar más por el bien de su país y de todos los españoles. Me quedo al contrario que el señor Echenique mucho más tranquilo que preocupado, al saber que los españoles contamos con unos servicios de inteligencia que están a la altura de su país y de lo que los españoles esperan de ellos.

José Luis Meléndez. Madrid, 9 de mayo del 2022. Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org

3 de mayo de 2022

La desintegración de España

Si los partidos independentistas representan un riesgo para la unidad territorial, la extrema derecha representa  un grave problema para la desintegración del Estado

“Será una broma, ¿no? Que nos digan que rompamos con Vox, cuando el Psoe está con Bildu”, exclamaba hace unos días Feijóo en los micrófonos de la SER. La derecha se ha otorgado la licencia de hacer lo que durante años viene criticando a la izquierda, como es pactar con un partido extremista.

La pregunta sería: ¿qué partido es más radical, Vox o los partidos de coalición que apoyan al gobierno? Afinemos aún más la pregunta: ¿son igual de demócratas los socios de la oposición que los del Psoe? Basta acudir a la organización interna de cualquiera de dichas agrupaciones para darse cuenta que todos los grupos a  excepción de los de derechas son partidos con órganos democráticos.

El extremismo es un concepto que más que con una ideología tiene que ver más con la actitud que dichos grupos demuestran con respecto a su país y a sus ciudadanos a la hora de afrontar sus problemas. Hace unos días tuvo lugar en el Congreso una votación para aprobar las medidas anticrisis destinadas a hacer frente a la situación que actualmente atraviesa el país así como los sectores y ciudadanos que más están acusando la actual situación económica, provocada por la inflación derivada de los costes de la energía, y agravada por la guerra de Ucrania.

Las medidas pudieron salir adelante gracias al apoyo de Bildu, ya que los principales partidos de la oposición representados por el PP, Vox y Ciudadanos, prefirieron votar atendiendo a sus intereses de partido. Quien le iba a decir a este país que un partido tan vilipendiado por la oposición como Bildu, iba a darles una lección de sentido de Estado y de sensibilidad social a los mismos que le han criminalizado.

La argucia de Feijóo de bajar el IRPF a cambio del apoyo de dichas medidas, además de no entrar dentro de las políticas económicas de algunos países europeos, según el Psoe, ya fue utilizada en el año 2009 por el recién ungido líder. Pero una vez que tomó posesión de su cargo, la medida la aplazó sine die hasta finales del año 2015. No parece por tanto muy apropiada la propuesta de dicha medida por alguien que no puso mucho interés en la aplicación de dicha fórmula.

El partido popular ha desaprovechado el tirón electoral y la fuerza moral que le hubiera supuesto haber llegado a algún acuerdo con el Psoe, que hubiese beneficiado a los españoles, a los andaluces, y que le hubiese librado de esa imagen de partido negacionista e independentista que ha demostrado estos años ante los problemas de los españoles.

La alianza que el PP ha establecido con Vox en Castilla y León le impide presentarse a las elecciones andaluzas como un partido de centro derecha, y utilizar el espacio de centro que su propia formación ha absorbido con la incorporación de Ciudadanos.

“Si a Vox no le gusta que le digamos extrema derecha, yo no se lo diré”, afirmaba el líder popular, intentando blanquear y acercar la marca de dicha formación a su electorado. Pero el problema que tiene Feijóo no es hacer lo que a Vox le guste, sino complacer al electorado moderado que representa y que no ve con buenos ojos una alianza con un partido de extremo como es Vox.

Es llamativo que la formación verde siguiendo el modelo de moderación francés llevado a cabo por Marine Le Pen, haya optado por situar la inmigración en un segundo plano. Una forma tal vez de esquivar la pregunta sobre cuál es el punto de vista de la formación ante la llegada masiva de refugiados ucranianos por motivos humanitarios y de escapar del debate de los derechos humanos tan cuestionados por la formación.

Vox es un partido antieuropeo que posee diputados en Europa, que asegura estar en contra de las autonomías pero se presenta y se nutre de ellas y aboga por ilegalizar formaciones elegidas democráticamente. También dice ser un partido patriota que no defiende los intereses de todos los españoles que propugna la Constitución. Supone además un peligro para la defensa nacional, ya que al cuestionar la unidad europea, cuestiona de igual forma las políticas de la OTAN, como ha quedado demostrado ante su oposición al envío de armas a Ucrania.

La formación sin embargo ha felicitado a través de su líder a Viktor Orban, igual que lo han hecho otros líderes de la extrema derecha europea como Marine Le Pen, Norbert Kleinwächter, líder de la ultraderecha francesa, del populista de derechas holandés Geert Wilders, y el mismísimo Putin. Queda por tanto claro como la ultraderecha europea está más cerca del totalitarismo ruso y chino que de las democracias occidentales de las cuales se nutre para conseguir sus objetivos, si uno además tiene en cuenta que Vox fue el único partido del arco parlamentario que se negó a retirar la medalla de oro que el Consistorio madrileño otorgó a Putin en una de sus visitas. El problema por tanto no es que vox se putinice sino que el PP se voxalice.

Según el líder de Vox, el pueblo español  no es soberano para decidir el destino de España ya que “la nación está formada por los muertos, por los vivos (el pueblo) y por los que van a nacer”, pero sí que es soberano para que voten a su formación.

Una vez puestos en antecedentes, cabe cuestionarse que coalición es más comunista, si la del PP al lado de una formación más cercana al modelo chino y ruso, o la del gobierno con sus socios demócratas. Si los partidos independentistas representan un riesgo para la unidad territorial, la extrema derecha española representa un grave problema para la defensa nacional, la desintegración del Estado autonómico y la posible salida de España de Europa a través de la celebración de un referéndum como dejó claro Le Pen.

José Luis Meléndez. Madrid 3 de mayo del 2022. Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org