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23 de diciembre de 2020

Mediodemia

Jamás pensamos que una epidemia sanitaria, pudiese mutar en otra mediática

En estos tiempos tan difíciles que vivimos, de pandemia, de crisis económica e institucional, la cultura vuelve una vez más, a ser el remedio más sano, al cual podemos acudir. Gracias a ella logramos evadirnos aunque sea unos minutos, de los momentos tan duros que nos ha tocado vivir. Con ella además de enriquecer nuestro espíritu, podemos ahorrarle a nuestro cuerpo otros efectos secundarios más perjudiciales.

Tan nociva es la falta de información, como la sobreexposición continuada de un mismo tema, durante los meses que afortunadamente dejamos atrás. Me refiero, como no, a la infodemia. Jamás pensamos que una epidemia sanitaria pudiese mutar en otra mediática.

Los laboratorios durante todo este tiempo han creado la vacuna con la cual se espera que una gran parte de la población sea inmunizada. Pero algunos medios siguen casi ajenos a esta gran noticia, y dan ahora más importancia a una nueva cepa de coronavirus aparecida recientemente, y contra la cual, se desconoce si serán efectivas las vacunas.

Los laboratorios por su parte, para curarse en salud, aseguran que las distintas vacunas son eficaces, ante esta nueva cepa, lo cual resulta un tanto sospechoso, ya que en la gripe, enfermedad parecida, esto no ocurre.

En la actualidad se consideran distintas opciones a la hora de vacunar primero a los distintos grupos de riesgo, como son las personas mayores que viven en las residencias o a los sanitarios. Lo realmente curioso, es que nadie aconseje vacunar a determinadas miembros del periodismo, por el enorme desgaste psicológico y moral, al que están sometiendo a la población española desde hace meses. Algo hasta cierto punto ilógico, injusto e inmoral, pero desgraciadamente normal, si se tiene en cuenta que los expertos, después de nueve meses de pandemia, siguen pensando más en las poblaciones de riesgo, que en los verdaderos contagiadores del virus, del desánimo, y de las malas noticias.

Al parecer, y por lo que se ve, los ciudadanos, después de permanecer confinados, desconfinados, aislados, semireunidos. De cumplir estrictamente las medidas de higiene, de distanciamiento. De aguantar las declaraciones contradictorias de nuestros representantes políticos. De escuchar cada día el parte de guerra de ingresados, contagiados y de fallecidos, al cual nos tienen sometidos, resulta que ahora que se vislumbra algo de luz con la aparición de las vacunas, en vísperas de un año nuevo, y de un nuevo tiempo, los españolitos, no tenemos derecho a una información exhaustiva, divulgativa y comedida, que nos suma en una nueva etapa de esperanza. Ni el derecho a que se nos devuelva la ilusión y la alegría que perdimos durante estos largos meses, como consecuencia de la pérdida de puestos de trabajo, y lo que es más sangrante aún: la pérdida de vidas humanas y de seres queridos.

Como si tuviéramos poco con las epidemias, anteriormente señaladas, que nos asolan, a las cuales tendremos que hacer frente los próximos años...

José Luis Meléndez. Madrid, 23 de diciembre del 2020. Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org

11 de diciembre de 2020

El autor

José Luis Meléndez (1963) es un poeta, pero, ante todo, es un artista polifacético. Inicia su relación con la pintura durante su infancia a la edad de ocho años. A los dieciséis, du­rante su adolescencia, la poesía le descubre y escribe sus primeros versos. En su madurez, tras un largo paréntesis literario, se dedica a componer canciones. En los años noventa, gracias a su nueva fa­ceta de cantautor, intentan promocionarle en Cadena 100, emisora musical de la Cope. Pero ni algunos temas, ni el apoyo recibido, ni la imagen artística que acompaña al disco, se corresponden con las expectativas presen­tes y futuras del autor. La mala experiencia le hace replantearse su futuro.

Después de un prolongado y doloroso pro­ceso de reflexión, finaliza su diplomatura en Grafología y Pericia Caligráfica, y decide ca­nalizar su creatividad a través de la escritura, actividad que compagina con su trabajo como gestor comercial en una entidad bancaria. Sin embargo, su creciente pasión por la es­critura le hace inscribirse en el año 2011 en un curso de redactor-corrector que imparte la Comunidad de Madrid. Una formación y una experiencia que terminan por darle la suficiente confianza a la hora de hacer públi­cos sus primeros escritos en medios locales, regionales y nacionales.

El dieciséis de enero del año 2014, abre en la Biblioteca Pública Municipal Dámaso Alonso el blog La pluma en ristre, gracias al cual logra cultivar diversos géneros y pulir su estilo. En el año 2017, inicia estudios ofi­ciales de bibliotecario en la Comunidad de Madrid y realiza sus prácticas profesionales en la Fundación Montemadrid. Un año más tarde, edita y dirige la publicación de su primera obra, Versos arrimados, un poema­rio compuesto por cincuenta y dos poemas, editado por la editorial Círculo Rojo. A partir de entonces, se centra en la prepara­ción de Rimas prohibidas, segunda obra repleta de emotivos y profundos poemas, que con ayuda de sus musas va guardando en un cajón. Versos que simultanea con publicaciones periódicas, que dirige a sus lectores a través de La pluma en ristre. Plumas y alas con las que José Luis Meléndez ha sabido resurgir de sus propias cenizas, y reinventarse a sí mismo, a través de diversas artes y distintos géneros.

José Luis Meléndez. Madrid, 11 de diciembre del 2020.

1 de diciembre de 2020

Alas al viento

Despliego mis alas verdes al viento y me sumo al vuelo que en su día lograron alzar aquellas aves heridas, que hoy surcan nuestros cielos

Si hay una institución que merece toda mi admiración, respeto y cariño, es la Unidad de Medio Ambiente de la Policía Municipal de Madrid – UMA -. Una agrupación de hombres y mujeres que profesan un respeto hacia el medio ambiente, muy superior al que profesa su jefe y actual alcalde de la ciudad de Madrid. Y digo “su”, porque al igual que un servidor, muchos vecinos de la Villa y Corte, no nos sentimos representados por las talas injustas, abusivas y arboricidas, que atentan contra el bienestar y la salud de los madrileños, y de las especies que se cobijaban en dichos árboles. Una admiración y cariño que nació siendo joven y que aún se mantiene más fuerte y viva, gracias a las colaboraciones puntuales que venimos llevando a cabo desde entonces, de una forma desinteresada por ambas partes. Porque los hombres y mujeres de esta Unidad realizan una labor con una vocación superior a la de cualquier interés económico.


Aún se me sigue desbocando el corazón de emoción, cada vez que un miembro de esta insigne Unidad acude a la llamada de este ciudadano reclamando el auxilio de un desvalido e inocente animal. Circunstancia que aprovecho cada ocasión para agradecerles cómo puedo, en mi nombre y en el del animal herido, su inmensa labor. Palabras que en su día tuve la oportunidad de plasmar en Versos arrimados, mi primer poemario, gracias a la sensibilidad de nuestra musa. Me refiero a ella como “nuestra”, porque aparece presente en el poema La verdadera hermandad, para agradecer a los agentes del Cuerpo, su labor y ofrecerles su protección, en una de las estrofas del citado poema: “Hay tras vosotros otra sociedad /, más desprotegida y necesitada /, hay en vuestros coches patrullas un hada /, que os protege y os colma de bondad /”.


Han pasado ya dos años desde que aquel 14 de septiembre del 2018, la Unidad, accedió a mis requerimientos, y me permitió recitar dicho poema íntegro en sus dependencias centrales. Un emotivo encuentro en el cual estuvo presente su Jefe Inspector, acompañado de una veintena de hombres y mujeres del Cuerpo. Poema que entregué enmarcado a la Unidad como sello de mi inquebrantable cariño, y como muestra de agradecimiento a todos sus miembros por su labor y ayuda.

Hoy he tenido el enorme privilegio y la indescriptible satisfacción de volver a tratar con dos de sus agentes, uno de los cuales estuvo presente en aquel encuentro íntimo que mantuvimos. En esta ocasión el aviso se produjo, como en la mayoría de los casos, gracias a uno de los paseos diarios que realizo con mi mascota, principal protagonista de la mayoría de los rescates efectuados hasta la fecha. Comprenderán por tanto que además de amiga, compañera y amante espiritual, durante dieciocho años, se haya terminado convirtiendo en una musa que ha inspirado hasta la fecha, ocho poemas, cuatro en cada uno de los dos poemarios.

Como decía, en uno de esos paseos diarios, pude observar como “Pinta” - paloma apodada así por la belleza de sus manchas blancas, a ambos lados de su cara, y en el extremo de sus alas -, me permitió rebasar la distancia de seguridad establecida por su especie. Momento en el cual pude observar cómo a pesar de sus repetidos intentos al acercarme, el animal no podía volar. Una vez llegaron los agentes fueron informados – en la imagen aparece sujeta “Pinta”, por la mano de uno de los agentes -, estos procedieron a su traslado al CRAS (Centro de Recuperación de Aves Silvestres), situado en el Soto de Viñuelas, localidad próxima a Tres Cantos.

Como habrán podido observar he omitido en todo momento el calificativo de “policías”. Esta forma deliberada de referirme a ellos es debida a que considero que los hombres y mujeres de la UMA, son algo más que lo que comúnmente de conoce con dicho término. Porque entre sus funciones se encuentran la protección de la fauna, el comercio de especies, o la persecución de delitos medioambientales tipificados en las ordenanzas municipales.

Un agente de esta Unidad, es también un sanitario. Un hombre o una mujer que vela por la salud de los animales y de todos los ciudadanos. El coche patrulla que acude al auxilio de una criatura herida, se transforma en una ambulancia cada vez que dicho animal entra por alguna de las puertas de dicho vehículo, para ser transportado al “hospital” o centro sanitario correspondiente.

Han pasado cuarenta y cinco años desde aquel 14 de julio del año 1976 en el cual se presentó la primera patrulla verde de la Unidad, compuesta por un sargento, dos cabos, y veintidós motoristas. Patrulla entonces motorizada, llamada sí por el uniforme verde (casco, guantes, cinturón y brazalete) que portaban aquellos primeros efectivos, precursores de la actual UMA. Una labor que se vio interrumpida durante unos años, hasta que en el año 1.992, la Unidad es reimplantada, esta vez con una sólida estructura organizativa, que ha perdurado hasta nuestros días.

Es una pena que los anteriores equipos municipales no hayan considerado la posibilidad de recuperar aquel uniforme verde, color más representativo y acorde con el medio ambiente, y muy utilizado también en el gremio sanitario. Entretanto hoy, en honor a esta Unidad, despliego mis plumas y alas verdes al viento, y me sumo al vuelo que en su día lograron alzar aquellas aves heridas, que hoy surcan nuestros cielos. Gracias a las mujeres y a los hombres de la UMA.

José Luis Meléndez. Madrid, 23 de noviembre del 2020