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29 de diciembre de 2014

I discurso de Felipe VI

Algunos ciudadanos tienen la impresión que les ha hablado el Príncipe de Asturias

La expectación era máxima, como así lo atestiguan los datos de audiencia: un millón seiscientos mil espectadores más, que en el último mensaje de D. Juan Carlos I. Entre los motivos principales, figuran el estreno de su discurso navideño, los temas a tratar, el formato elegido, y su posible referencia a la imputación de la Infanta Dª Cristina. El horario de máxima audiencia, para reclamar la atención de los telespectadores.

Como escenario elegido, un salón de estar improvisado para la ocasión. El monarca viste un traje color marengo, camisa blanca, corbata azul, y posa situado en la habitación desde la cual se dirige a los españoles. Detrás de él, una puerta acristalada de color blanco, a través de la cual se puede apreciar un luminoso árbol de navidad. A la derecha de la imagen una grandiosa poinsettia. A la izquierda una mesilla con una lámpara encendida, en la cual se pueden apreciar fotos familiares con indumentaria de sport. A la izquierda de esta mesilla, un llamativo sofá de color rojo, en cuyo extremo izquierdo aparece otra mesilla, idéntica a la anterior, con más fotos de familia. Delante de esta, una bandera nacional como único símbolo institucional.

En el inicio de su intervención, Don Felipe expresa su deseo de proximidad con el Pueblo español. Tal vez por este motivo, ha preferido dirigirse a la nación, desde el corazón de la casa, como es el cuarto de estar. Al terminar el vídeo, más de un telespectador, se haya podido preguntar, si la Casa Real, ha contado en esta ocasión, con algún asesor de imagen, como era de esperar. El protagonismo del sofá rojo, sin ningún cojín, vacío, como si faltase alguien, y el segundo plano de la bandera nacional, con falta de sintonía con una estancia como la del cuarto de estar, ha llamado poderosamente la atención.

Si el deseo del monarca era salir solo, quizás los asesores, debieran haberle recomendado hacerlo en otra sala más propicia y reducida, como es delante de la mesa de su despacho, reforzando de esta forma su imagen institucional. Seis meses después del brillante discurso oficial de su proclamación como rey, D. Felipe, se dispone a dirigir el primer mensaje directo a toda España. Pero el formato no es el mismo al que está acostumbrado. Lo realiza sentado, sin papel ni tribuna que le parapete de la multitud de miradas. Todo su cuerpo, será sometido al más riguroso examen de lenguaje no verbal.

La letra “c”, ha sido la inicial de los grandes temas que ha abordado de una manera directa y contundente: la corrupción, la crisis, y Cataluña. No era necesaria una referencia directa a la infanta Dª Cristina (que también empieza por "c"), pero aun así, ha realizado una alusión genérica: “todos los imputados, están siendo procesados”. En su intervención, también ha realizado una mención directa a la clase política. Al hacerlo ha evitado el uso del término regeneración democrática, y en su lugar ha hecho una llamada a regenerar la vida política. “La economía debe estar al servicio de las personas”, ha afirmado, al tocar el bloque de la crisis económica. Queda a la libre interpretación del espectador, si esta sentencia se incluye también dentro de la economía del Estado.

Es necesario, ha asegurado, mejorar la calidad del empleo, disminuir los altos índices de desempleo, y mantener el estado de bienestar. En sus palabras defiende la unidad de naciones que integran España, y su modelo territorial. Para ello invita a respetar la Constitución, y evitar fracturas emocionales. El discurso consta de una duración de trece minutos y veintiséis segundos. Según ha trascendido, fue grabado en su totalidad en la primera toma. Tal vez hubiera sido deseable, la grabación de algunas tomas adicionales, en otras estancias, con objeto de seleccionar finalmente la más idónea. De esta forma se hubiera podido evitar, que en el discurso se apreciara cierta falta de emotividad y espontaneidad, muy probablemente debidas a la excesiva preparación, falta de interiorización, y al choque del discurso institucional, con la estancia familiar y emocional del salón.

La falta de costumbre, en este formato complicado e intimista, hace más difícil llegar a tocar el corazón del telespectador. Por otra parte, también existe un cierto desfase emocional del Pueblo, con respecto a la figura del nuevo rey. Son solo seis meses de reinado, y los españoles todavía no sienten en su totalidad la figura del monarca. Y es que algunos ciudadanos, todavía tienen la impresión que les ha hablado el Príncipe de Asturias, y no el rey de España. Pero aun así, el rey, una vez más, ha salido victorioso en un discurso conciliador, integrador y esperanzador, con un recorrido histórico, desde la Transición, tocando tanto los temas presentes, como los desafíos futuros.

El discurso empieza en un tono pausado. Los gestos en ocasiones son repetitivos y de autoafirmación (de arriba hacia abajo), de manera muy especial en la parte final del mensaje. El imaginario “balón en las manos” es “botado en el suelo” de forma marcial, acompañado de tonos muy enfáticos. Las manos de muestran muy dinámicas. El tono alto, se hace lejano y paternalista. Las piernas inmóviles, sin cambio de postura, al cambiar la cámara de perspectiva. Rostro poco relajado. Al llevarse la mano al pecho, “os lo agradezco de corazón”, lo hace de una forma muy precipitada, sin reposo en el tórax. Vocalización muy rápida, sin emplear los silencios al cambiar de tema.

En líneas generales, la valoración del discurso ha sido aprobada por la mayoría de las fuerzas políticas. Los sucesivos mensajes, recogerán e incorporarán, las críticas constructivas, en forma de mejoras. Para ello D. Felipe cuenta con un amigo, maestro y especialista en las distancias cortas, como es el rey Juan Carlos I.

José Luis Meléndez. Madrid, 28 de diciembre del 2014.
Fuente de la imagen: Flickr.com

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