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9 de diciembre de 2014

Toxicomatosis

"Toxicomatosis": dícese de la enfermedad que poseen las personas tóxicas

Toxico-mato-sis es un neologismo creado a vuelapluma, cuyo concepto podría definirse como: enfermedad propia de las personas tóxicas. Son tóxicas porque disfrutan “matando” a sus víctimas, y de forma involuntaria también a sí mismas. De manera constante. De ahí el nombre compuesto por estos tres términos. La siguiente conversación real, resume de una manera exacta, el tema que nos ocupa en las siguientes líneas, como es el de estos enfermos tóxicos:

- Hola Carla, ¿Qué tal llevas el examen de mañana?
- Ja, ja, ja, ¿estás de broma, verdad cariño? El examen es pasado mañana.
- Pero que dices. Si te dije que era mañana…
- ¿Me quieres hacer creer que si me hubieras dicho algo, yo no habría estudiado?

Ya lo ven. Los toxicomatosos creen en el diablo, porque son la personificación del mismo. ”Cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo”, suelen decir para pasar desapercibidos. Como si el mismísimo Belcebú fuera tan poco astuto para aburrirse, y tan poco sofisticado para dar fin a la existencia con el rabo, de una forma precipitada. ¡Qué ingenuos!

La ventaja primordial de no creer, es que nunca te engañan. Creer en uno mismo, debiera haber sido el principal dogma de fe. Menos dudas y complicaciones existenciales. Siempre he creído las versiones humanas en su justa medida, es decir al cincuenta por ciento. Pienso que para poder emitir un juicio, hay que escuchar de manera previa a todas las partes, retirarse, deliberar, y en última instancia dictaminar. Aun así siempre corre uno el riesgo de equivocarse. ¡Cuántas sentencias injustas, se han descubierto con el paso del tiempo! Pero el tiempo no pasa igual para todos, a unos nos hace necios, y a otros más sabios.

Resulta significativo que el sustantivo diablo, no posea género femenino. A todos nos dijeron, que al maligno, le gusta manifestarse bajo diversas formas. Así que de ahora en adelante, para hablar de estos diablitos en términos más libres y agnósticos, utilizaré el plural, porque también se ha hecho y se continúa haciendo alusión a un único diablo, cuando todos hemos tenido constancia de más de uno y otra diablesa. Y los denominaré si me lo permiten con el apodo de toxicomatosos. Pero ¿Quiénes son los toxicomatosos? Todos hemos conocido alguno. Vivimos rodeados de ellos. Son aquellas personas, desprovistas de cuernos físicos, pero que disfrutan poniendo los cuernos a sus víctimas, pero no precisamente bajo la forma de cornamenta exterior…

La daga invisible, cobarde, inmoral, sádica y psicopática, es el arma preferido por estos personajitos patológicos. Su profundo complejo de inferioridad, y su bajo nivel de aceptación, les hace rebajar a sus víctimas, por medio de diversas técnicas como son las frases inventadas, puestas en boca de otros, o hechos tergiversados. Es su forma de superación. Superarse a sí mismos, desprestigiando a los demás.

Es fácil reconocerlos: poseen varias caras, actúan por la espalda, son huidizos, nunca hablan de sí mismos, siempre lo hacen de sus víctimas. Estas suelen ser personas brillantes, que suelen destacar en alguna actividad o faceta de la vida, bien sea desde el punto de vista personal o profesional, y a las cuales envidian. Experimentan un gran placer separando equipos de trabajo, amistades o familiares. Nunca acuden a los especialistas, por miedo a ser reconocidos, y en su lugar buscan consejeros espirituales o amistades cómplices. Cuando no conspiran, hacen ejercicios de precalentamiento y subtitulan los telediarios en tono de permanente crítica delante de sus compinches e incluso solos.

En sus encuentros gastronómicos, suelen mezlar el primer plato de sus comidas con alguna conversación o trocito de carne de sus víctimas. Son personas multitarea: defecan en la mesa psicológicamente sus miserias, mientras ingieren las de los demás. La vía preferida para sus conspiraciones, es el teléfono, el café en los pasillos, el cuarto de baño, las reuniones en petit comité, las compras, el whatssap, y las comidas más discretas y propicias para los corrillos, como el buffet.

No paran hasta conseguir su objetivo. Una vez que lo consiguen, siguen recriminando a su víctima, acusándola de haber sido ella la que se ha distanciado. Su perfil psicológico o toxicomatosis les impide reconocer con objetividad que es ella y sus compinches los que se han distanciado de sus semejantes. Si usted es víctima de un toxicomatoso, está de enhorabuena. Esto es un síntoma de que usted es una persona brillante. Pero eso no es óbice, para dejar de mirar con más cautela a su alrededor.

José Luis Meléndez. Madrid, 8 de diciembre del 2014.
Fuentes de la imagenes: Flickr.com

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