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10 de noviembre de 2014

Ristralia

"El ratoncito" Pérez que antes nos traía dinero, hoy nos quita el tiempo

Firoriroriii, firorirorooo: "¡El afilador, ha llegado el afilador!”. Los gorriones le escuchan, observan, y han cesado por un momento sus cantos matutinos. El hombre pájaro o silbador, toca su chiflo, y hace su aparición en el barrio, desde hace ya décadas. Como un ave migratoria, en busca de sustento, reclama a la vida, un digno jornal. El rastrillo, el mercado, los tenderos, el taller artesanal del zapatero. Las visitas de antaño del huevero, y las más escasas cada día del cartero, sobreviven a los nuevos tiempos, con el valor añadido del trato personal. Las palabras, la sonrisa, y la cercanía, son su mejor garantía para una relación comercial, y casi familiar, perdurable en el tiempo.

La caligrafía ha pasado de moda. Las cartas de amor, hoy no son comerciales. La correspondencia oficial, ha enfriado el buzón, y con el nuestros deseos, nuestra libido, y nuestra pasión. La escritura humana, la hemos sustituido por la tipográfica e impersonal. Ya no es necesaria la espera de antes, para recibir la correspondencia. La inmediatez y la impaciencia, han castrado nuestra imaginación, que ya no tiene tiempo para crear sus fantasías. Los sentimientos no tienen espacio como ayer, para crecer a su ritmo. Hemos (no han), restringido nuestra energía, y nuestro potencial interior.

El ritual de la compra del sobre y del sello, y la emoción e ilusión puesta en la imagen del destinatario, la hemos fusilado a golpes de click, con el gatillo del ratón. Nuestros sentidos se han vuelto frígidos. Ya no saben apreciar el sabor del café a la luz de una vela, mientras se pergeña una nota. El olor de una carta perfumada, el sonido de una pluma mientras revolotea en la nube del folio. Vamos de románticos por la vida, pero hemos huido del romanticismo. Ya no abrazamos ni con las manos para escribir; preferimos los movimientos repetitivos y restrictivos de uno y otro tic. Hasta la vista se nos cansa y vuelve más corta, monótona y rectangular en las mismas páginas de la red.

La libertad de movimiento que nos daba el libro o la carta, nos obliga hoy a permanecer sentados y absortos largos periodos de tiempo, en chats, conversaciones superficiales, cotilleos sociales, familiares y laborales. Nos han enganchado, y cada día nos ahorcamos y suicidamos con el cable del ratón, sin apenas darnos cuenta. "El ratoncito" Pérez que antes nos traía dinero, hoy nos quita el tiempo. El tiempo de vivir, y de ser nosotros mismos.

Todavía es posible el reencuentro personal a través del tiempo, de los demás y de las pequeñas cosas, en tranquilos y bellos lugares como Ristralia, una villa medieval, ubicada dentro de la urbe. Un pequeño país imaginario y personal, desde el cual es posible viajar en el tiempo, hacia los siglos pasados de La Pluma en Ristre.

José Luis Meléndez. Madrid, 10 de Noviembre del 2014.

Fuente de la imagen: Flickr.com

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