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6 de febrero de 2017

Al fondo a la izquierda

Muy pocos saben llegar, estar, e irse

Disculpen ustedes el inciso, pero José Antonio Alonso no se ha muerto; se ha ido. Se ha muerto tal vez para los ateos. El agnóstico es la media entre un creyente y un ateo. El medio creyente, y el medio ateo, tiene sus dudas, y vive sus respectivas etapas de incredulidad y de esperanza. Por eso para los creyentes, y para los agnósticos, Toño (como así le llamaban los más cercanos), simplemente se ha ido. Porque la vida de la que hoy disfrutamos todos, incluso los incrédulos, está hoy más viva, gracias a las conquistas de las libertades y de los corazones que este juez conquistador, ha preferido dejarnos.

José Antonio fue progresista antes que socialista, y defensor de las libertades, antes que juez. Lo llevaba escrito en su rostro. Tenía (tiene), una mirada noble, y a la vez penetrante, y una sonrisa de seductor que le hizo ganar amigos en otras bancadas, donde otros solo veían adversarios personales e ideológicos. Sus compañeros, según ha trascendido a los medios, le definen como una persona muy cordial, y un excelente creador de ambientes.

Jose Antonio Alonso, sabía diferenciar lo personal de lo ideológico. Ganaba en las distancias cortas. Por eso su nombre era más reconocido que su apellido. Su relación con la entonces portavoz, y hoy Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría, fue cordial, y en algunos momentos hasta cómplice. La Vicepresidenta ha tenido palabras emotivas, cuando se le ha preguntado por él: "decía que aprovecháramos el tiempo, y que nos fijáramos en lo importante de la vida. Que no nos dejásemos llevar por la superficialidad". Unas palabras que definen la profundidad de pensamiento, y la humanidad de su personalidad.

Muy sentidas, han sido, las palabras de su íntimo amigo, José Luis Rodríguez Zapatero, también leonés, y con el cual ha compartido sus vivencias desde la infancia. El expresidente ha enfatizado la coherencia de Alonso, en lo personal y en lo público:"Nunca he tenido un amigo más íntegro que José Antonio Alonso", ha declarado.
José Antonio, tenía más aires de compañero que de amigo. Un compañero a diferencia de un amigo, sabe estar presente cuando se le necesita. Y el ministro, el juez, el socialista, el progresista, y el político, supieron estar al lado de la sociedad que le necesitaba.

Durante su intensa y corta estancia, ha dejado una estela luminosa de logros y "progresos". En el año 1988 ascendió a magistrado. Un año más tarde fue nombrado juez penal en Madrid, y poco después, magistrado de la Audiencia Provincial de Madrid, cargo que ocupó hasta su muerte. Entre 1994 y 1998, fue el portavoz de Jueces para la Democracia. En 2001 fue elegido vocal en el Consejo General del Poder Judicial, cargo que abandonó en 2004, año en el que fue nombrado Ministro del Interior. Dos años después se encargó de la cartera de Defensa. En el año 2008, se presenta como cabeza de lista por León, y derrota al candidato popular, Juan Morano Masa. Posteriormente fue nombrado Portavoz del grupo socialista en el Congreso en el año 2008. Tres años después En el año 2012, renunció a su escaño, y se reincorporó a la carrera judicial como magistrado de lo penal de la Audiencia Provincial de Madrid.

José Antonio Alonso supo manejar los tiempos y dejar la política, como lo hacen los grandes. No tenía apego por los cargos. Lo importante para él era la vida, su vida, y la de los suyos. Alegó en la última etapa de su carrera, motivos personales. Fue un político que supo llegar, estar e irse; un gesto muy poco común en nuestros días.

El único antecedente médico grave que ha trascendido sobre su persona, fue el ocurrido el 10 de junio del 2011, fecha en la cual sintió un fuerte dolor de cabeza, mientras almorzaba con unos amigos, y fue hospitalizado. Tiempo después se le detectó un cáncer de pulmón. El juez, ha llevado su enfermedad de una manera discreta, con una enorme entereza. Hoy nos ha sorprendido a todos su partida. Un maldito cáncer, se ha llevado a este chaval de 56 años.

Su temprana marcha, le hace a uno reflexionar sobre lo efímero de la vida. Hay que aprovechar la vida al minuto. Tenía razón este compañero social, maestro de la vida, y aprendiz de la nada, cuando dirigió aquellas palabras a la Vicepresidenta: "hay que aprovechar la vida". Se ha ido joven, tranquilo, y satisfecho por su entregada y fructífera herencia social.

Hoy, como el que pudiera presentir su partida, ha decidido adquirir su billete de viaje. Por eso tal vez ha elegido al igual que aquella ocasión en la que se sintió mal, la estación del Hospital Ramón y Cajal. Una estación de salida desde la cual ha preferido realizar este último trayecto en transporte público, como buen socialista de raza y de primera línea que demostró ser.

El señor Alonso ha encontrado la libertad tan merecida por la que tanto luchó. Lo ha hecho después de hacer con su toga una sociedad más equitativa con los más débiles. No sabemos cuál será su próxima parada. Eso es lo de menos. Lo más significativo es que ha preferido esperar, y atender a los demás, antes de tomar el discreto asiento que posiblemente existe más allá; al fondo a la izquierda.

José Luis Meléndez. Madrid, 2 de febrero del 2017
Fuente de la imagen: Flick.com

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