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31 de mayo de 2016

El derecho a sentir

¿De qué te sirve ser librepensador, sino te dejan ser libresintiente?

En el siglo veintiuno, sigue sin estar reflejado en los derechos humanos, ni en las constituciones más progresistas y avanzadas del mundo, el derecho a sentir. Y eso que por naturaleza somos seres emocionales. Se oye hablar mucho de libertad de conciencia, pero muy poco, o más bien nada, de la libertad de los sentimientos.

Me pregunto si esto es debido a que la mayoría de gobernantes en el mundo son hombres, y a la hora de decidir, emplean más la cabeza que el corazón. Parece mentira que existan en la actualidad más amores prohibidos, que guerras toleradas. Más proselitismo asalta cunas, que vocaciones libres y personales.

Que los mismos mercaderes sigan vendiendo el amor al prójimo, en lugar del amor a uno mismo, como el más verdadero. Que no nos enseñen a pensar, y a utilizar la cabeza como Dios manda. Que se inmiscuyan de una forma inmoral e interesada en nuestros sentimientos. Que lo hagan con tan malas artes, que no nos demos cuenta, y lleguemos a considerarlo algo normal.

¿Es posible que tengamos que esperar todavía unos siglos más, hasta que la mujer ocupe un lugar, sino predominante en el mundo, al menos igualitario, para que empecemos a relacionarnos más y mejor con los sentimientos, y para que a su vez seamos más equidistantes con esta sinrazón?

Una buena pregunta para un político. Y para un Monseñor.

José Luis Meléndez. Madrid, 31 de mayo del 2016

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