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2 de junio de 2014

Verde te quiero

Si hay una forma de vida que pasa desapercibida ante nosotros, es la del reino vegetal

Antes que cazador, el hombre fue agricultor. En un principio el hombre vivía en armonía con la naturaleza, pero a lo largo de la Historia, no le ha bastado con traicionarla y abandonarla. Ha salido a su encuentro para explotarla, y no contento con ello, la ha ido trayendo en porciones a su entorno, bajo diversas representaciones, y en distintos formatos como tiestos, centros, jardineras, jardines, parques, jaulas y “zoo-ilógicos”.

Si pensamos en verde, podemos empezar diciendo que hay floristas y cubeteros. Los floristas profesionales, saben ofrecer a sus clientes una respuesta a cada consulta. Están a la altura y físicamente en el mismo lugar todos los días. Venden flores, pero también plantas, y pagan sus impuestos como cualquier hijo de vecino. Las floristerías por internet, carecen de dicho trato personalizado y muchas veces profesional. No podemos observar el estado de la planta, ni oler las fragancias que nos regalan de forma gratuita, estos maravillosos seres inertes en recompensa a nuestra visita.

“Díselo con flores”, es la coletilla comercial que una conocida red de floristerías proclama, con el propósito de aumentar su facturación. Porque si se dirigiera a su amplia clientela, estaría discriminando a una aplastante mayoría: la de los amantes de las plantas. Pues ya lo saben, hasta en lo comercial hay que ser demócrata, y aunque no te guste, has de gustar. Si hay una forma de vida que pasa desapercibida ante nosotros, es la del reino vegetal, y la forma más familiar de relacionarnos, es a través de los seres con los que más tratamos, es decir, con las flores y las plantas.

En la antigüedad, tener plantas era sinónimo de cultura. Hoy las plantas son asequibles, pero no todo el mundo tiene la sensibilidad, y la cultura necesaria para tenerlas en buenas condiciones, sentirlas y ver cómo crecen y se expresan. Las excusas del tipo: “las plantas se me mueren” “no me duran” o “me las han dado mal”, son expresiones de un recreo de primaria. El simple acceso a internet y a Google, para conocer la ficha de la planta y sus simples cuidados, no nos llevan más de quince minutos. ¿Qué es un cuarto de hora en relación a una vida que nos ofrecen estos seres?

Convendría hacer un simple estudio de mercado para comprobar de forma fehaciente, que la mayoría de las personas que “matan” involuntariamente una planta, son personas que no sienten la vida vegetal. Se te puede morir una planta, pero si durante su agonía o después de su fallecimiento, no te preocupas de preguntar o de informarte de cuales han sido sus motivos, queda todo aclarado. Es importante por lo tanto a la hora de adquirir una planta, informarse antes de las características ambientales de la misma: frecuencia de riego, grado de exposición a la luz, temperatura, tipo de tierra, abonos, etc.

La “automedicación” en las plantas, tampoco es muy aconsejable, motivo por el cual, ante cualquier anomalía que notemos a tiempo, es mejor consultar a un florista en lugar de cualquier amiga, sino queremos perder la planta. Las flores artificiales son una buena opción para las personas que viajan mucho, no tienen tiempo o motivación de dedicar unos mínimos cuidados. Hay otro tipo de clientes, a los que podríamos denominar “estetifleurs”. Son aquellos que dan más importancia a la estética que a la planta en sí. Buscan el lugar en el cual “queda mejor la planta”, en lugar del lugar más idóneo para su confort y desarrollo.

Los “materos”, frecuentan los viveros. Son llamados así porque valoran más el fruto, que el amor con que la mata se lo regala. Su amor hacia la planta es inversamente proporcional a la cantidad y calidad de cosecha que reciben. Una vez cortados los frutos, y acabada la temporada les da lo mismo la planta. Capitalismo productivo y ecológico. Tanto tienes, tanto vales. Los ramos de novia son “preciosos”, cuando están acabados. A la futura esposa le importa mucho que el color y el estilo de la composición vaya en sintonía con su peinado y su vestido, igual que la conservación del mismo, pero siempre se le olvida preguntar por la técnica con la que ha sido manufacturado: la técnica del alambrado. Esta “técnica” artesanal, consiste en introducir un alambre por el interior del tallo, para que la planta elegida pueda ser doblada y manipulada al antojo del “florista” y de su “propietaria”. A la vez que se va introduciendo el alambre por el tallo, los vasos sanguíneos se van rompiendo. Si la planta elegida por la novia, tiene la suerte de tener un tallo fino, el alambrado se realiza por el exterior del tallo, rodeando este en espiral.

Pero eso no es todo. Una vez finalizada la ceremonia, en un gesto ilógico, eso sí tradicional, se tira la planta a la siguiente novia, en un “gesto simpático” y de “agradecimiento...” Todo un gesto de “amor” en consonancia también con un acto tan enternecedor y emotivo. ¡Curioso! La tortura en el reino vegetal también existe. La escondemos para no avergonzarnos, reconocernos y estropear el carácter “festivo” del evento, pero su sufrimiento sabemos muy bien dosificarlo al estilo de Jack el destripador, a la hora de ofrecérselo despacio y por partes.

El “lenguaje de las plantas” en ese precioso y preciso momento no importa. Es más importante su simbolismo: que si la rosa roja significa “regalar amor”, que si la blanca pureza, los crisantemos para honrar a los difuntos, pero ¿merece una planta ser honrada? ¿Quién sabe honrar una planta? Su belleza es tan impresionante, que su vida pasa a un segundo plano. Su expresividad silenciosa e inerte habla por sí sola. No le es necesario a la flor mover sus pétalos, como a nosotros la boca para hablar, con la elegancia con la que ella lo hace por medio del silencio. Las plantas nos hablan. Cuando les falta agua sus hojas se inclinan hacia abajo. Por el contrario, si las quitamos el polvo, las regamos y las rociamos con agua, podremos observar como al cabo de cinco minutos, las hojas se han elevado.

¿Les apetece sentirse por unos instantes planta? Imagínese que es usted un mimo, que trabaja en la calle Preciados de Madrid. Su jefe le ha asignado una zona con un sol excesivo. Solo va a trabajar una hora. Al cabo de un cuarto de hora empieza a sentir los primeros síntomas de calor y de sed. Intenta mirar de soslayo a su jefe a ver si se aproxima, pero no está: ¡se ha ido...! No puede expresarse, ni moverse. Depende exclusivamente de la visita del jefe. ¿Aguantaría usted la hora completa, o se atrevería hacer la prueba real durante las horas que las plantas mal situadas lo están...? ¡Que de reflexiones esconde la flor o la planta! Presa en un tiesto o en un jardín, todavía sabe darnos y devolvernos como un animal, a través de su lenguaje tus propias emociones enriquecidas, multiplicadas y proporcionales al cariño con que las tratas. Tú eres tu planta. No te avergüences de su estado lastimoso. Hazlo de ti mismo.

Si analizamos las diferencias entre el mensaje que transmitimos a la hora de regalar una flor o una planta ya sabemos cuáles son: “Te quiero mientras dure esta flor” o “soy un poquito vago, y no me apetece o no te mereces que te dedique algo más personal”, “soy tan original, y me da tanto miedo quedar mal que con unas flores nunca quedaré mal”, “si regalo flores estaré más a la altura de las circunstancias”. Las flores las compra la mayoría de la gente por impulso. Las plantas por el contrario, tienen su clientela que suele ser más culta y amante de la naturaleza. Una flor la sabe cuidar todo el mundo, porque nos dura, en “muerte clínica” cinco días, pero una planta vive y nos acompaña durante años. Existe también una fórmula mixta, como son los centros florales. Estas composiciones suelen llevar flores, pero también algún tipo de planta.

Nacemos y morimos entre flores, seamos sinceros, porque es más cómodo regalarlas, que dedicar unas palabras sinceras de corazón a esa persona que supuestamente queremos, ¡claro está! Nos ahorra tiempo y molestias. Pero si no sabemos o se nos da mal escribir, por qué no decirlo a través de una simple frase, un poema, un abrazo, un beso. ..¡Cuántas muestras de afecto, nos habremos quitado con las flores y los regalos de compromiso! No nos damos cuenta, pero cabría preguntarse: ¿nos estamos volviendo frígidos emocionales a nosotros mismos? No nos basta con comer coliflores, lechugas o tubérculos. Somos tan inteligentes, que hasta para responder una simple o sesuda cuestión tenemos que “deshojar una margarita”, comer con las manos, y la escena nos llega hasta parecer romántica. ¡Así nos va! Si al menos plantásemos tantas plantas como flores cortadas....

La sociedad civil tuvo que conquistar sus derechos humanos en el siglo XVIII. En pleno siglo XX, la sociedad actual, empezó a redactar los primeros borradores sobre los derechos de los animales. Entrados ya en el siglo XXI, La pluma verde sigue sin entender la larga espera para redactar los derechos no ya de las plantas y de las flores, sino del reino vegetal. Cortar una flor no es un pecado. Maltratar a un animal tampoco. Motivo: los animales y las plantas, para algunas confesiones no tienen alma, y por lo tanto no son considerados como prójimo. Ninguna declaración de condena a los maltratadores. Esta es la moral imperante en defensa de la vida vegetal: ser más vegetales que ellas, a la hora de reaccionar ante semejante sufrimiento, e injusticia. El día que sepamos además de amarnos a nosotros mismos, hacerlo a “todos los seres del Universo”, habremos sentado las bases para una sociedad más humana.

Ya sabemos quién “ha sacado los pies del tiesto”. Lo único que nos falta es tener la voluntad de volverlos a meter. Es muy sencillo hacerlo a través de las oportunidades que nos brinda el día a día:

- ¡Qué bonitas tienen ustedes las plantas! ¿Quién las cuida? o
- ¡Es curioso!: me he fijado que está más limpia la mesa de su despacho, que las hojas de las plantas…
A veces uno no puede remediar al ver este tipo de injusticias, y ha de dirigirse a las plantas y susurrarlas:
- ¡Qué pena que tengáis que florecer habiendo tantos “capullos” que os cortan y os maltratan…!

Me vienen a la memoria un par de citas de la pluma: “El amor es una flor (en su planta), la amistad una planta” o “La belleza está para admirarla, no para poseerla”. Frases de amor, escritas con este color verde al que tanto quiero.

José Luis Meléndez. Madrid, 29 de Mayo del 2014.
Biblioteca Nacional de España.
Fuente de la imagen: Flickr.com

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