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24 de noviembre de 2016

Mil euros y un minuto

Mil euros y un minuto, han bastado para constatar lo deshumanizada que está nuestra sociedad

Hace unos días, se la pudo ver en el Congreso, con motivo de la apertura e inauguración del curso político. Acudió sola al acto. En lugar de compadecerse por su desmejorado aspecto, y por su delicada situación personal, el presentador de un medio de comunicación, centró su mirada en el bolso que llevaba, y le puso precio: setecientos euros. Quizás ese fuese el aspecto más importante, con el que deleitar a la audiencia, y no la delicada salud que ya evidenciaba su rostro. A la salida del acto, se le volvió a ver sola; aislada por su partido. Pero ella no retiró nunca la palabra a sus compañeros. Los saludaba desde la distancia que ellos mismos le marcaban.

Rita Barberá, ha dedicado más de veinte años de su vida a un proyecto político, dentro del Partido Popular. El mismo partido, que le ha excluido de sus filas, antes de ser juzgada. Hace unos meses, abandonó el partido, y pasó al grupo mixto. Todo el mundo recuerda las imágenes de los teleobjetivos de algunos medios de comunicación, apuntando a las ventanas de su domicilio particular, invadiendo e interfiriendo, la tranquilidad de su intimidad personal. O la presencia de las unidades móviles apostadas en las puertas de su casa. Un seguimiento continuado y mediático, similar al que las fuerzas de seguridad desempeñan, con una incuestionable profesionalidad a sus delincuentes.

Es tiempo de recordar la sobrecogedora frialdad, con la que algunos compañeros de su partido, respondían a las preguntas referidas a su persona: "la señora Barberá ya no es del partido" (ni nuestra, según el trato que se le dispensó después). Una forma muy socorrida por todos los partidos, como es la de extirpar y personalizar sus culpas, y de justificar de puertas afuera la dudosa honorabilidad del partido.

A las siete de la mañana de ayer, día veintitrés, se ha ido Rita Barberá, quizás con la ayuda de algunos, y para vergüenza de todos. Dos horas después de su fallecimiento, se iniciaba en el Congreso, a trescientos metros del hotel Villa Real en donde se hospedaba, sola y de alquiler, la sesión del día. La Presidenta del Congreso, propuso un minuto de silencio, como muestra de respeto y de dolor hacia su persona. A sus sesenta y ocho años, soportó sola, hasta el último momento, la presión de su partido, de la oposición, y de los medios.

Podemos aprovechó el momento para ajusticiar a la presunta corrupta, y ausentarse del hemiciclo, manifestando su discrepancia con la trayectoria política de la fallecida, confundiendo el acto con un homenaje. La ex alcaldesa de Valencia, al parecer, no se merecía como ser humano, este breve y último gesto de despedida, por parte de la institución pública, a la cual pertenecía. El resto de grupos, incluidos Esquerra Republicana y Compromís, se sumaron al acto, en un gesto de respeto, duelo, y solidaridad con el dolor de los compañeros del Congreso, y de la mayoría de españoles.

Se ha ido sin ser juzgada, pero su muerte ha puesto en cuestión, y juzgará transcurrido el tiempo, la actitud que muchos han mantenido con respecto a ella. Ha ganado el juicio a la sociedad que pretendía juzgarla, y que le ha increpado durante tantos meses. Se ha ido vestida con el color blanco de la presunción de inocencia.

¿Tanto daño ha hecho Rita Barberá a la sociedad?, ¿O más bien ha sido la sociedad la que se ha ensañado con su persona, y no ha sabido actuar con la celeridad y discreción deseadas, en el proceso judicial en el que estaba imputada, por un importe de mil euros? ¿Se han sobrepasado los límites de la dignidad humana?, o ¿Ha sido Barberá víctima del sistema?

Mil euros y un minuto, han bastado para constatar lo deshumanizada que está nuestra sociedad.

José Luis Meléndez. Madrid, 24 de noviembre del 2016
Fuente de la imagen: es.noticias.yahoo.com

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