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26 de julio de 2016

El cambio climático

La realidad catastrófica del cambio climático, sigue sin llegar a la gente

Hace más de una década, la mayor compañía de seguros de propiedades de Reino Unido observó que los impactos del cambio climático, podrían causar la suspensión de pagos de la economía mundial, en sesenta y cinco años, como consecuencia de la pérdida de propiedades, propagación de enfermedades, y gastos de sanidad pública, que entonces aumentaban un 10% al año.

En el año 2000, ejecutivos, ministros de economía, y jefes de Estado de diferentes zonas del mundo, declararon en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), que el cambio climático, era con mucho, el problema de mayor amenaza para la humanidad. Tres años más tarde, el 14 de febrero del 2003, The Guardian International, advertía que el número de personas afectadas por huracanes y ciclones se había multiplicado por ocho, hasta llegar a los 25 millones en los últimos treinta años, y que los océanos absorbían entonces quince veces más dióxido de carbono del que contenía la atmósfera.

En ese mismo año, un estudio de la ONU, decía que el hielo marino del Ártico, podría disminuir un 60% en verano de 2050, y el 3 de julio del 2003, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), detectó un número sin precedentes de tornados en EE.UU, intensas olas de calor en la India, en el sur de Francia, y las relacionó con el calentamiento global.

Según un estudio reciente, llevado a cabo por The Global Footprint Network (GFN), publicado el 13 de agosto del 2015, por Reuters, la humanidad, en menos de ocho meses, ya había consumido, los recursos naturales de ese mismo año, pero a día de hoy, sigue sin existir, por inaudito que parezca, esos hombres de verde, que en lugar de supervisar como los de negro, la deuda soberana de algunos países, hicieran lo propio con la deuda planetaria que algunos países como Estados Unidos (país al que curiosamente pertenecen las tres agencias de calificación), y China, tiene contraída desde hace décadas con la humanidad y el planeta.

El 19 de julio de este año, la NASA (National Aeronautics and Space Administratión), ha hecho públicos los resultados de su esperado análisis. Los datos de la agencia espacial, han vuelto a confirmar por un lado el recalentamiento global y progresivo que sufre el planeta, y por otro lado, la mínima extensión de hielo jamás detectada en el Ártico. Según la agencia norteamericana, los seis primeros meses el año, han batido cifras récord, en el ascenso de las temperaturas, desde los primeros registros iniciados en 1880.

El informe alerta que en el siglo XXI, la temperatura es 1,3ºC superior a la alcanzada a finales del siglo XIX, y 1,5ºC más alta a la de la era preindustrial. Los datos precedentes, vienen a constatar lo que algunos investigadores han señalado: el siglo XX, ha sido el siglo más caluroso, en más de 1000 años. No menos alarmante es la situación actual que presenta el informe de la NASA, en relación a la disminución de la masa de hielo el Ártico. Según la agencia norteamericana, en menos de cincuenta años, la extensión de hielo en el Ártico, es hoy un 40% inferior de la que existía a finales de los años setenta. La velocidad del deshielo se propaga o disminuye de esta forma en términos anuales, un 0,87% de la masa helada restante.

¿Cómo es posible que a pesar de las advertencias continuas de los científicos, los seres del planeta, sigan padeciendo cada año, con más intensidad, los efectos mortales y devastadores del cambio climático?

Las respuestas habría que encontrarlas en primer lugar en la escasa implicación de los países más contaminantes como son EE.UU, y China. Un pequeño gesto de estas potencias, equivaldría al esfuerzo de muchos países. En segundo lugar, los medios de comunicación (especialmente los estadounidenses), están intimidados por los lobbies financieros y de los combustibles fósiles, y son demasiado perezosos para examinar los datos científicos. En tercer lugar, la industria petrolera es reacia a la implantación de nuevas formas de energía, al chocar de manera frontal contra sus intereses. Y en cuarto lugar, la complicidad de los gobiernos, al ver incrementados sus ingresos por medio de los impuestos, vía carburantes.

Esta falta de sensibilidad por parte de las autoridades, no exime a los ciudadanos de su compromiso con el medio ambiente. La sociedad civil, ha de formar parte de la solución, en lugar del problema. Las organizaciones ecologistas, deben incidir más en los programas de sensibilización social de los ciudadanos, y estos a su vez, han de apoyar a aquellas fuerzas políticas, que incorporan en sus programas electorales medidas medioambientales. La implicación personal, en el mayor grado posible, y la educación en la familia, y en nuestro entorno, son actitudes necesarias e imprescindibles para la formación de una generación futura más concienciada y respetuosa con los recursos naturales.

El cambio climático está aquí, y podría afectar a más personas de lo que hizo la guerra en el siglo pasado. Las emisiones de dióxido de carbono, de las centrales eléctricas de carbón, de los vehículos motorizados, de los fuegos empleados para cocinar, y de la deforestación, son importantes causas del mismo. Las previsiones climáticas apuntan a que las olas de calor serán más comunes. Una atmósfera más caliente, al ser menos estable, crea tormentas más fuertes, sequias más prolongadas, y precipitaciones más abundantes. Este aumento de las temperaturas, favorece la propagación de enfermedades como el denge, la malaria, y podría atraer a mosquitos aegypti, como posibles portadores.

Este desajuste en el clima, puede causar un declive de la fertilidad del suelo, y provocar inundaciones, deforestación, y el desplazamiento de muchas personas que dependen de los recursos (costeros), provocando oleadas y crisis migratorias. Así lo predicen los modelos climáticos actuales, los cuales auguran un calentamiento del planeta de entre 1,6ºC y 5ºC este siglo. Esto provocará cambios en la producción agrícola, un mayor número de incendios, la propagación de insectos, de enfermedades tropicales, un incremento de fenómenos meteorológicos extremos, temporales costeros, huracanes más intensos, la erosión de las playas, el blanqueo del coral, y el aumento del nivel del mar.

Las predicciones científicas de hace una década, ya se están cumpliendo: algunas especies están desapareciendo, y otras se ven obligadas a desplazarse a lugares donde nunca se habían visto anteriormente. Las sequías serán el doble de frecuentes para 2020. La temperatura de esquí, será más corta. Habrá más días calurosos en verano, las crecidas de los ríos serán más fuertes y frecuentes, y, es probable que estas inundaciones se produzcan aproximadamente con una frecuencia dos veces mayor. Por este motivo, para evitar escenarios más extremos en el futuro, y una degradación progresiva y acelerada del medio ambiente del planeta, es preciso acabar con modelos los modelos agresivos de pesca como el arrastre, el vertido de fertilizantes de la industria azucarera, la tala de bosques, la construcción de urbanizaciones playeras, la instalación de plataformas petrolíferas en alta mar, y la práctica del fracking. Es responsabilidad de los gobiernos, velar por la salud de sus ciudadanos.

En busca de soluciones: Las sociedades necesitan de manera urgente, avanzar hacia una transición energética

El cofundador de Microsoft, Bill Gates, anunció hace unos meses, su intención de invertir 1000 millones de dólares en tecnología de energía limpia, durante los próximos cinco años. Para combatir el cambio climático propone tres fases. En primer lugar incentivar la innovación, aumentando la financiación gubernamental en investigación para centrarse en la búsqueda de soluciones, a través de energía limpia. Desarrollar mercados que ayuden a llegar a un nivel cero de emisiones, y tratar a los países pobres (que padecen sus consecuencias de una forma más acusada), con justicia.

Las sociedades necesitan avanzar hacia una transición energética, y llevarla a cabo, con la urgencia con la que se acometió en proyecto Manhattan, en la que EE.UU desarrolló la bomba atómica, en menos de tres años. Las grandes potencias desarrolladas, tienen una gran responsabilidad. El centro Pew sobre el cambio climático global, alertó hace años que el sistema de transporte de Estados Unidos, emitía más CO2, que la economía completa de cualquier país, a excepción de China. Es necesario que las fuerzas políticas de los distintos países lleguen a pactos de Estado en materia medioambiental, que sean más exigentes en sus objetivos en las cumbres sobre el clima, así como la creación de un comité de seguimiento mundial dependiente de la ONU, que sancione a los países más tóxicos. En definitiva que pague más, quien más contamine.

Como dijo el embajador Hurst en su ponencia, en el foro mundial del agua: "Los países más poblados y ricos del planeta, se enfrentan a un desafío moral mayor que el colonialismo o la esclavitud". Palabras muy en sintonía con la doctora Shaista Sharmeen, abogada y ex directora de la Comisión de Derechos Humanos, que van un poco más lejos: "Si algo es un problema de supervivencia, es un derecho humano". Ojalá las palabras respetuosas del indio Seatle: "El hombre no ha tejido la red que es la vida. Solo es un hilo más de la trama, y lo que se hace con la trama, se lo está haciendo a sí mismo" (y a los demás), consigan un día reconciliar al hombre "evolucionado" y tóxico, con su madre tierra. Solo así, evitaremos el desprecio de las generaciones futuras.

José Luis Meléndez. Madrid, 25 de julio del 2016.
Bibliografía: "El cambio climático": crónicas desde las zonas de riego del planeta. Jim Motavalli. Editorial Paidós.
Fuente de las imagenes: flickr.com

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