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9 de abril de 2016

Morir después de matar

Nuestra relación con las flores no demuestran lo que sentimos, pero sí lo que somos

Han llegado a casa estas flores. Afortunadamente no soy su destinatario. Me encontraba tumbado en el sofá, y su fragancia me ha hecho levantarme. Dentro de unas horas se marchitarán. No me gustan los ramos de flores, pero me fascina la relación con las plantas. Nunca he entendido si es un rasgo de superioridad humana, con respecto a las otras especies, cortar flores para demostrar nuestros sentimientos, teniendo como tenemos una materia prima tan rica como es el lenguaje, y sus distintas formas de comunicación como pueden ser las cartas, los poemas, la música, un buen plato cocinado, un momento especial, o cualquiera de las múltiples opciones que tenemos a nuestra disposición.

No nos vale ni nos conformamos con los distintos obsequios que nos ofrece la sociedad de consumo. Regalar flores, deben pensar algunos, que purifica los sentimientos y los hace más nobles. Desconfío de quién regala flores por su escasa sensibilidad, por su falta de amor y de respeto con la naturaleza. ¡Qué forma más monótona, insípida, cruel y tortuosa de enmudecer uno, y de regalar matando! "Decírselo vosotras a su destinatario" (y hacerlo así, aunque sea heridas de muerte), venimos a decirles con este gesto externo y a la vez autista. Nos dejamos llevar por los colores y los olores, y llegamos a pensar que hasta nos agradecen que las tengamos en casa y las metamos en un jarro de agua, para que se prolongue su agonía.

"El verdadero lenguaje nuestro, está en nuestra planta"

Quién diría que sufren y que agonizan, lejos de su familia, de su tierra, del aire y del agua que un día les dio la vida. Veintiún siglos de maltrato animal y vegetal. Suma y sigue. Animales y plantas decapitados y ofrecidos como sacrificios en los altares de la moral más rancia y cutre. Las plantas han sido cortadas desde tiempos ancestrales y sacrificadas para que hablen ellas cuando el hombre no se atreve o no sabe cómo decir o explicar un sentimiento. ¡Cuántas flores envenenadas se habrán cortado como consecuencia de sentimientos falsos e hipócritas! No, las flores no demuestran lo que sentimos, pero sí lo que somos.

No encuentro mejor gesto que inmortalizar este momento, en el cual he llegado a entender su último lenguaje en un jarro de agua: "tú que sabes y puedes, explícale a los tuyos nuestro sufrimiento y su tortura", han venido a decirme con sus últimas exhalaciones: "¿Cómo os sentiríais vosotros si os cortasen vuestro órgano más bello, y os encarcelasen en una celda, con miembros de otros países (especies en nuestro caso), durante cuatro días con los pies mojados? ¿Sabríais ser igual de agradecidos que nosotras?, ¿Sabríais morir después de ser matados?, ¿compartiríais con vuestros asesinos, esos últimos y agonizantes momentos vuestros, con la mejor expresión de vosotros mismos? ¿Os atreveríais a mirarle con el mismo respeto que lo hacemos nosotras?"

"Tened claro una cosa: nuestro verdadero lenguaje, no está en vuestras manos, ni en vuestras casas, en vuestros hospitales, ni en vuestros cementerios. Sólo lo está en nuestra planta. Lo demás son imaginaciones vuestras. Ahora que lo sabéis y sois conscientes de vuestros actos, la próxima vez que recibáis de esta forma a un miembro de nuestra especie, no podréis evitar ser perseguidos por vuestro propio espectro, y vuestro respectivo karma".

José Luis Meléndez. Madrid, 9 de abril del 2016

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