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17 de abril de 2016

La mujer ideal

Ojalá tus sentimientos sean tan auténticos, que no te permitan estar quieta un solo instante, y que un día te impulsen con la fuerza suficiente hacia mí

Has vuelto a llamarme con el agua. El tintineo de la lluvia en el suelo, me ha traído hasta esta ventana. He intentado una vez más adivinarte en el reflejo mojado y cristalino del suelo. He respirado de nuevo tu perfume de mujer desnuda, con esencias de romero, azahar y jazmín. De jacinto y de rosas. Desconozco tu nombre, aunque es posible que un día nos hayamos cruzado, o intercambiado alguna conversación. Tal vez compartamos la misma red social e incluso seamos amigos.

Miro como caen sin tocarse las gotas de agua. Están deseando llegar al suelo y fundirse en ese abrazo húmedo que les haga sentirse iguales, unidas y más grandes. Me pregunto desde esta nube de espera, o este punto muerto que nos separa (y del cual me siento más vivo que nunca), si el día de nuestro encuentro se fundirán igual nuestras almas sobre un suelo fértil, o un cristal de ilusiones.

Intento salir a buscarte. Quizás ya te hayas posado en la superficie de mi paraguas. Te hago un hueco a mi lado. Tu mano ha cogido mi brazo, y un escalofrío electrificado e indescriptible, ha recorrido todo mi cuerpo. Llegas con la mesura y la naturalidad de siempre. Golpeas sutilmente la ventana para anunciar tu llegada, y te escurres por la fachada de la casa, igual que una lágrima se desliza por tu mejilla, intentando disimular tus ansiados anhelos.

Espero que el amor no sea para ti ese juego y ese cuento, en el que el príncipe tiene el guion aburrido y sempiterno de conquistar a la princesa, mientras ésta espera la llegada de su supuesto amado. Ojalá tus sentimientos sean tan auténticos, que no te permitan estar quieta un solo instante, y que un día te impulsen con la fuerza suficiente hacia mí. Que no me seduzcas ni te engañes. Que no esté entre tus planes cerrar una operación financiera en la notaría del altar, ni un paraíso fiscal en esta tierra que habitas. Una sociedad tan limitada, en la que tú seas la administradora única de mi vida.

Que tampoco esté entre tus pretensiones contratar un depósito a nueve meses con liquidaciones mensuales y vitalicias. Que no llegues a ser mi capricho, y tengas los menos posibles. Que no suelas limpiarte la boca con billetes de cinco euros. Que tu corazón no sea hinchable ni desechable. Que sepas amar a un hombre, antes de hacer el amor con él. Que te guste dormir a su lado, sin vivir pegado a él. Que cuando llores, no abras la boca de cocodrilo. Que no me pagues con sexo, y sí con la sinceridad y la fidelidad de tus palabras.

Que tengas demasiado corazón para más de una persona, y la justa pasión para una sola. Que no se te acabe el amor, cuando no haya monedas. Que no me castigues con tu indiferencia. Que sepas lo que quieres antes de amar. Que disfrutemos de la amistad, antes del matrimonio. Que sepas controlar tus impulsos, antes de corregir mis acciones. Que no te enamores de mí, cada vez que te doy la razón. Que antes de reír, hayamos llorado. Que antes de conquistarme, te hayas vencido a ti misma. Que sepas nadar en el silencio, sin ahogarte en tus propias palabras. Que respetes el tiempo, la energía, y el espacio ajeno, como una de las más preciadas reservas naturales.

Que tus sentimientos sean más reales que tus instintos. Que tus principios sean más nobles que tus deseos. Que tu alma pese lo mismo que tu corazón. Que tu personalidad sea más bella que tu cuerpo. Que sepas ver en un animal, los ojos de un niño. Que seas sencilla en las formas, y profunda de pensamiento. Que valgas más por lo que seas, que por lo que tengas. Que seas lo suficientemente sincera, para llevar la contraria a la vida. Que sepas estar sola y acompañada.

Que sepas caminar más tiempo a mi lado, que delante mía. Que seas tan deportista, que tengas el fondo suficiente para andar juntos hasta la meta final de la vida. Que sepas sincronizar la respiración en los momentos difíciles. Que no confundas las tonterías con la locura. Que viajes más con la mente, que con el cuerpo. Que te maquilles más por dentro que por fuera. Que te desnudes más con el alma que con el cuerpo.

Que hables más contigo, que con los demás. Que te gusten más las plantas que las flores. Que seas más persona que mujer. Más compañera que amiga. Que tengas más escucha que oído. Que hables poco y te comuniques mucho. Que hables más con tu cuerpo que con tu boca. Que trabajes más por vocación que por necesidad. Que no te canses de repetir tu nombre y el mío. Que esta vez seas tú la mujer ideal, que se atreva a susurrarme al oído, quédate siempre conmigo.

José Luis Meléndez. Madrid, 16 de Abril del 2016
Fuentes de las imágenes: flickr.com

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