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9 de marzo de 2015

El piloto

Todos esperaban un Mariano Rajoy más cercano, campechano y comprometido

Dice un aforismo, que en las tormentas es donde se forjan y conocen los mejores pilotos. La forma de acercarse a los ciudadanos, hablar y solucionar sus problemas, es sin duda un valor muy tenido en cuenta por los votantes en época electoral. Las frases hechas de los mítines, se las lleva el viento, y son en última instancia la fuerza de los actos postelectorales, los que dotan de coherencia y credibilidad, las palabras prometidas durante el cortejo nupcial.

Saber estar en el lugar, y en el momento oportunos, es una garantía de éxito personal y profesional. Pero maniobrar con la nave a la deriva en beneficio de toda la tripulación, no ha sido una de las características de la clase política española. La privilegiada tripulación del IBEX 35, de las grandes fortunas, los corruptos, los defraudadores fiscales, y los inquilinos de los paraísos fiscales, siguen viajando en business, sin tarjeta black. La clase turista, se ha equivocado de avión, y el piloto se ha olvidado del resto de la tripulación. Sálvese quién pueda. Se ruega mantengan la calma. Gracias (ya saben: disculpen las molestias, estamos trabajando, enseguida vamos).

La crecida del Ebro, ha supuesto una auténtica prueba de fuego para el gobierno, y la clase política, desde el punto de vista de las medidas preventivas, y de las actuaciones emprendidas. Los semblantes desencajados de los afectados que lo han perdido todo, contrastan de forma insultante con los rostros eufóricos y electorales de sus señorías. «¿Qué coño tiene que pasar en este país para que Rajoy salga de la Moncloa y pise el barro?». Las palabras del actual jefe de la oposición, Pedro Sánchez, pronunciadas con atuendo deportivo, y sudadera roja, dirigidas a un ex plasmado y distante Presidente del gobierno, reflejan la impotencia, y la indignación que puede llegar a sentirse, desde el lugar de los hechos.

Rajoy no ha acudido con la misma prontitud e indumentaria con la que acudió en su día a visitar el chapapote (miña terra Galega). Lo ha hecho casi una semana después de la tragedia, bajo el rito genovés de su partido, con su respectivo protocolo en diferido. Todos esperaban un Mariano Rajoy cercano, campechano y comprometido, pero en su lugar ha venido un Presidente de gobierno marcando distancias con su americana marengo, a juego con la carretera lejana y gris, desde la cual ha preferido hacerse la foto, y contemplar el desolado paisaje.

El piloto Rajoy, ha mostrado una vez más una gran maestría en los despegues electorales, una pésima pericia en el control de las turbulencias, y una cierta tendencia suicida en los aterrizajes forzosos de su legislatura. Le resulta más cómodo y sencillo volar bajo el piloto automático de las Instituciones, y de las corrientes aéreas alemanas. Tal vez así se sienta tan seguro y capaz, como la gaviota que posada en el barco, incapaz de emprender su vuelo, prefiere dejarse llevar y sentir el aire en las alas, mientras su mirada aguarda al acecho, desde lo más alto del mástil.

José Luis Meléndez. Madrid, 7 de Marzo del 2015.
Fuente de la imagen: Flickr.com

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