Trump sigue con sus aranceles y sus guerras mientras su entorno empieza a desconfiar de su asesora
Según los datos que han trascendido a la opinión pública, la dimisión de Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, parece no haber sido una salida pactada de antemano. De haberse ajustado a esa fórmula, la renuncia de Leavitt no habría sorprendido a la Administración Trump, que queda con el puesto vacante, a menos de tres meses de las elecciones de medio mandato.
El miércoles, doce de agosto, el presidente Trump anunció la salida de Leavitt a finales de agosto, “para poder pasar más tiempo con sus pequeños hijos y su familia, una decisión que entiendo y respeto por completo”. Sin embargo, el señor Wolff, biógrafo de Trump, ha especulado con que puede haber otras razones, incluido el escrutinio al que estaba sometida, no solo por la prensa, sino también por el propio Trump.
Según The Telegraph, Wolff comentó la gran presión a la que estaba sometida Leavitt, ya que Trump la habría estado observando y dándole su opinión sobre cómo había respondido a las preguntas de los periodistas y otras figuras de los medios de comunicación.
Afirmó: "Este es un trabajo duro. La gente se agota. Es un jefe extremadamente difícil, ¿verdad? Estoy seguro de que esa es una de las razones por las que ella ya no aguanta más". "Recuerda que, cuando ella habla con la prensa, él la observa mientras habla con la prensa e inmediatamente la llama para criticar la forma en que se ha dirigido a la prensa".
Michael Wolff no es el único que ha comentado la salida de Leavitt; el columnista Rob Shuter escribió en su propia columna de Substack, Naughty But Nice, que la salida de Leavitt era algo que se veía venir.
Encontrar un reemplazo que mejore e incluso iguale la labor de la ex secretaria de prensa es una tarea imposible en el corto plazo, por lo que la vacante ha creado un problema en el ejecutivo norteamericano.
Tal es así, que el gobierno se ha visto en la necesidad de delegar las funciones que venía desempeñando Leavitt, a tres de sus altos funcionarios, como son el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio y el secretario del Tesoro Scott Bessent, que ya ejercieron dichas funciones durante la baja maternal de la exsecretaria, lo cual deja en evidencia, la complejidad y la importancia del cargo.
Aun así, llama la atención que Trump señalase que Leavitt seguirá “como una de mis principales asesoras externas, y que trabajará con el partido republicano, de cara a las elecciones de noviembre”.
Las recientes y continuas apariciones de Natalie Harp acompañando al presidente han levantado todo tipo de polémicas, especulaciones y suspicacias. Más si se tiene en cuenta que esta presencia ha contado con la ausencia de Melania, la más larga de la vida pública estadounidense, concretamente desde el diecinueve de julio al veinte de agosto.
Pero su reciente aparición, en un acto público celebrado en el jardín de la residencia presidencial, con motivo de la presentación de unas becas, pero con el objetivo de acallar dichas conjeturas (“Buenas tardes: he oído que me echaban de menos”), no han apagado ni las especulaciones, ni las polémicas y mucho menos las suspicacias.
Michael Wolff, biógrafo repudiado por la Casa Blanca, atribuye la ausencia de Melania como una hipotética rivalidad con Harp, por el protagonismo que ha ido adquiriendo o tal vez concediéndole el presidente.
Algunos comunicados que han trascendido entre la asesora y el presidente son los suficientemente explícitos, como para que la imaginación no encuentre los límites que pueden existir entre lo laboral y lo íntimamente personal.
La joven y atractiva rubia, prototipo de belleza en las relaciones públicas de Trump, es una ferviente admiradora del presidente desde su primer mandato. Y es que gracias a la Ley del Derecho a Probar (Right To try Act) que ofrecía a algunos pacientes un mayor acceso a tratamientos experimentales, Harp logró tratar su cáncer de huesos.
“Como las quimioterapias disponibles en el mercado no me dieron resultado, nadie me quería en sus ensayos clínicos”. “No me dieron el derecho a probar tratamientos experimentales, señor presidente. Usted si me lo dio, y sin usted, habría muerto esperando a que los aprobaran”, dijo en la Convención Nacional Republicana del 2020.
La respuesta de Trump, después de dicho evento fue: “Ella iluminó la pantalla de televisión como muy pocas personas que haya visto, lo han hecho”. El contenido de las recientes cartas publicadas por The Daily Beast el jueves, no han hecho más que alimentar los rumores y encender las alarmas entre los asesores. Los métodos de Harp han provocado intentos de apartarla del círculo íntimo del presidente, según varias fuentes que describieron su relación con Trump.
Entre uno de los motivos está que la asesora solo rinde cuentas a Trump y suele saltarse la cadena de mando tradicional, como son el jefe de gabinete, el equipo de comunicación y a los asesores de Seguridad Nacional, lo cual ha levantado los recelos de los Servicios Secretos.
Trump sigue con sus aranceles y sus guerras mientras su entorno empieza a desconfiar de su asesora. Entretanto, algunos se preguntan si Melania sigue siendo la primera Dama, y si la hipotética vuelta de Leavitt, le permitirá al presidente inaugurar su salón de baile con las tres protagonistas.
José Luis Meléndez. Madrid, 22 de agosto del 2026. Fuente de la imagen: Getty images.
