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5 de enero de 2017

Valores naturales

La libertad, antes de que fuera un derecho humano, ya era en la tierra, un fenómeno natural

La naturaleza ha sido una fuente de inspiración para los poetas, escritores y artistas. La cultura oriental, está repleta de innumerables referencias a la madre tierra. Las diferentes religiones y filosofías como el Budismo, han fomentado esta observancia, siglos antes de Cristo. La reflexión a través de la razón, y no la fe a través de la oración, ha contribuido a forjar en estos países, una identidad espiritual, más respetuosa con el medio ambiente, y con los seres vivos. La espiritualidad oriental, en lugar de elevar y trascender la mente a un plano externo y superior, se ha preocupado desde sus inicios de dirigir la mirada hacia el interior del hombre. Solo este por medio de la introspección, puede alcanzar la paz y la felicidad.

Los efectos benéficos de estas doctrinas, se pueden constatar a lo largo de su historia. El continente asiático es posiblemente la zona con menos conflictos a escala mundial. La paz interior parece haberse materializado en una duradera paz social. La cultura occidental por el contrario, ha adoptado una visión y una actitud de superioridad, con respecto a los demás seres. Las teorías humanistas y evolucionistas, se encargaron hace tiempo de declarar la supremacía del homo sapiens, al ocupar el eslabón superior de la cadena evolutiva.

Este desprecio y prepotencia, ha provocado en el hombre, un alejamiento con respecto a su hábitat natural (del cual dicho sea de paso procede). Los efectos devastadores de este distanciamiento progresivo, se pueden constatar hoy en día cuando observamos las terribles consecuencias del cambio climático. El hombre ha dejado de interiorizar sus orígenes, y se ha enfrentado a la naturaleza, como consecuencia de una falta de concienciación por parte de las instituciones públicas.

De nada sirven los innumerables avisos que continúa dando la tierra al hombre, de los datos escalofriantes que los organismos internacionales arrojan sobre la futura sostenibilidad de la vida en el planeta. El hombre no se conforma con ser la especie más dañina, y la que más contamina. Aún debe consolarse y seguir creyéndose esa especie superior, intolerante con las demás especies vegetales y animales, con la suya propia, e incluso contra sí mismo. Bastaría hacer un recuento sobre el número de víctimas humanas asesinadas por su misma especie, y comparar estos datos con los ataques de los más sanguinarios depredadores, los cuales dicho sea de paso, atacan por necesidad o en defensa propia, para hacernos una idea de nuestro perfil humano y superior del homo sapiens en la tierra.

¿Superiores quizás en ética, o en inteligencia, al tener que recurrir a matar animales para comer, en lugar de alimentarse de productos que nos proporciona la tierra?, ¿Superiores moral y emocionalmente, al disfrutar viendo una corrida de toros, o una pelea de gallos?, ¿Superiores en sensibilidad al talar y no repoblar?, ¿Al ver plantas torturadas, y pasar de largo, sin siquiera ofrecerles agua?, ¿Superiores al reconocer como prójimo solo a los miembros de nuestra especie, mientras otras especies crían y amamantan a otras especies, como hemos visto a lo largo de la Historia?, ¿Superiores al matarnos entre nosotros mismos, sin saber controlar nuestras propias emociones?, ¿Superiores al otorgar al dinero un valor superior a nuestro tiempo vital?, ¿Superiores al no ser fieles a nuestros propios principios, y en traicionarnos a nosotros mismos?, ¿Superiores al hablar, sin saber escuchar?, ¿Superiores a tener miedo de estar solos, y de encontrarnos con nosotros mismos?, ¿Superiores en vivir la vida que quieren otros, en lugar de la nuestra?, ¿Superiores en vivir en el pasado o en el futuro, sin saber vivir el aquí y el ahora?, ¿Superiores cuando necesitamos a gurús espirituales que nos enseñan a vivir de espaldas a nosotros mismos? ¿Superiores al pretender gobernar a los demás, sin saber controlarnos a nosotros mismos?, ¿Superiores cuando nos escandalizamos al vernos desnudos?, ¿Cuándo necesitamos emborracharnos o drogarnos, para olvidarnos de nosotros mismos?, ¿Superiores cuando nos aburrimos, y recurrimos a los pasatiempos, porque no sabemos en qué ocupar nuestro tiempo libre?, ¿Superiores en utilizar a los demás en beneficio propio, y en creerse más que los subalternos?, ¿Superiores por tener un alto nivel, y no ser felices con nosotros mismos?, ¿Superior por ser más religioso que moral?, ¿Superior por tener que recurrir a hablar mal de los demás, para aumentar de una forma indigna y artificial nuestra autoestima?, ¿Superior por saberse vestir bien por fuera, sin saber que talla tiene uno por dentro?, ¿Superior por presumir de pareja, sin saber lo que es el amor universal?

El hombre a lo largo de la Historia, ha intentado apropiarse de algunos valores personales como la fidelidad, de otros de carácter social, como la libertad, y de otros conceptos como la monarquía, o la dictadura. Incluso ha llegado a autoproclamarse inventor de los mismos. A nadie al parecer, le ha dado por observar la naturaleza. Vamos tan deprisa, que no tenemos tiempo. Haberlo hecho, hubiera supuesto desmontar toda una serie de mentiras. Y si no preguntémonos: ¿desde cuándo las abejas o las hormigas, poseen como tales un régimen político y monárquico? ¿Por qué los lobos, y otras especies similares, adoptan un régimen más autocrático, militar o dictatorial, en el que el líder de la manada no es elegido, sino impuesto por su propia fuerza? ¿Desde cuándo las plantas luchan por ese ideal tan alto, el cual parecía exclusivo de la especie humana, como es el de la libertad?

¿Cómo es posible que existan numerosas especies como el periquito, el castor, la tórtola, el pingüino, el penacho amarillo, el cisne, el gibón, el lobo gris, el pez ángel francés, la lechuza, el águila calva, la termita, el caballito de mar, la nutria gigante, el albatro, el cóndor, el ganso, el ratón de campo, la grulla de cola blanca, el chacal, el lémur, el buitre negro, o el antílope africano que practiquen la fidelidad, y que compartan sus vidas con una única pareja? ¿Cómo es posible que sobrevivan algunas especies solitarias, en estado de libertad, y que el hombre no sepa estar solo? Que muchos animales practiquen la libertad con sus parejas, apareándose en la época de cría, y viviendo en sociedad el resto del año? ¿Se ha ido restringiendo la libertad el hombre a sí mismo, con normas encaminadas a un hipotético bien común? ¿No es la verdadera libertad aquella que puede practicar uno mismo, desde su propio interior?

Como vemos, antes de que el hombre hablara de libertad, la naturaleza, ya se intentaba liberar a sí misma de las normas del hombre. En otras palabras, la libertad, antes de que fuera un derecho humano, ya era en la tierra un fenómeno natural. Como dice una célebre cita: "Hombre de genio, nunca digas: yo he inventado; en este mundo, todo son reminiscencias".

José Luis Meléndez. Madrid, 25 de septiembre del 2016

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