Tu Navidad no es mi normalidad, asi que no hace falta que me felicites
La Navidad tiene sus normas, que como es sabido no son pocas. Hay que consumir productos específicos como langostinos, dulces y demás productos que además de afectar a la salud como el alcohol causan pérdidas mortales, cuando no discusiones dentro de la familia como consecuencia de los encuentros impuestos y nada espontáneos. Y por supuesto la Navidad tiene sus precios y conlleva sus gastos, en unas fechas en donde la gente con verdadero espíritu navideño tendría que gastar y pagar menos, siendo consecuente al auténtico mensaje de la misma, como es la pobreza.
La Navidad por tanto, entendida como se celebra actualmente, supone un atentado contra la libertad individual. Lo extraño es que las personas que siguen su normalidad y no siguen la tradición consumista impuesta, son miradas con recelos, siendo más consecuentes que los que la celebran con un espíritu contrario al que debiera imperar en estas fechas. Máxime si uno considera que la Navidad es una fiesta religiosa dentro de un Estado aconfesional.
"To be or not to be" que decía Shakespeare. Es decir, ser o no ser. Pero ser a medias, es pura hipocresía, y esta es una forma de mentirse a sí mismo y a los demás, en un periodo en donde la autenticidad debiera estar a la altura de cualquier relación humana. Sin embargo, como cada año, la Navidad deja un trasfondo totalmente contrario a esa hipotética Buena Nueva : riqueza material y pobreza de espíritu.
Este año voy a adelantarme, para evitar males mayores. Las fechas que se avecinan, tienen sus efectos secundarios, y a cada uno de nosotros, nos afectan de una determinada manera. A mí, sinceramente, me pone un tanto irascible la superficialidad, los excesos, y la hipocresía, con la que algunos inundan de nostalgia, estos largos días de invierno, atiborrándose de comida y de bebida delante del niño pobre recién nacido. Así que he tomado la determinación, que aquellos que me feliciten su navidad, serán correspondidos y felicitados en tono jocoso: "tu Navidad, no es mi normalidad, así que no hace falta que me felicites". Todo desde mi ecuánime e impertérrito estado de normalidad.
Y siempre, eso sí, teniendo presente, que no es bueno perder las formas. Un acto simultáneo, con sonrisa instantánea incorporada, que a su vez compartiré, compadeciéndome (algo especialmente importante en estas fechas), como consecuencia de los lamentables y preocupantes estados de estupidez transitoria de los afectados. El objetivo no es otro que animarles, y apoyarles todo lo que pueda, bien sea en sus recaídas anímicas, afectivas, etílicas, emocionales, digestivas, consumistas, y espirituales, propias de estas "fiestas" tan alegres, y de efectos tan contradictorios y "beneficiosos" para todos. Y al decir TODOS incluyo al reino animal y vegetal, especies que por capricho y deleite de la especie humana van a ser talados y sacrificados para decorar los salones de millones de hogares y llenar el apetito desenfrenado e inmisericorde de una despiadada gula, en lugar de destinar todo ese gasto innecesario en ayudar a personas que están en situación de extrema necesidad.
"Canta, rie, bebe/ que hoy es Nochebuena/ y en este momento no hay que tener pena/". Estooo...¿se animan...?
José Luis Meléndez. Madrid, 22 de diciembre del 2016
Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org
La Navidad tiene sus normas, que como es sabido no son pocas. Hay que consumir productos específicos como langostinos, dulces y demás productos que además de afectar a la salud como el alcohol causan pérdidas mortales, cuando no discusiones dentro de la familia como consecuencia de los encuentros impuestos y nada espontáneos. Y por supuesto la Navidad tiene sus precios y conlleva sus gastos, en unas fechas en donde la gente con verdadero espíritu navideño tendría que gastar y pagar menos, siendo consecuente al auténtico mensaje de la misma, como es la pobreza.
La Navidad por tanto, entendida como se celebra actualmente, supone un atentado contra la libertad individual. Lo extraño es que las personas que siguen su normalidad y no siguen la tradición consumista impuesta, son miradas con recelos, siendo más consecuentes que los que la celebran con un espíritu contrario al que debiera imperar en estas fechas. Máxime si uno considera que la Navidad es una fiesta religiosa dentro de un Estado aconfesional.
"To be or not to be" que decía Shakespeare. Es decir, ser o no ser. Pero ser a medias, es pura hipocresía, y esta es una forma de mentirse a sí mismo y a los demás, en un periodo en donde la autenticidad debiera estar a la altura de cualquier relación humana. Sin embargo, como cada año, la Navidad deja un trasfondo totalmente contrario a esa hipotética Buena Nueva : riqueza material y pobreza de espíritu.
Este año voy a adelantarme, para evitar males mayores. Las fechas que se avecinan, tienen sus efectos secundarios, y a cada uno de nosotros, nos afectan de una determinada manera. A mí, sinceramente, me pone un tanto irascible la superficialidad, los excesos, y la hipocresía, con la que algunos inundan de nostalgia, estos largos días de invierno, atiborrándose de comida y de bebida delante del niño pobre recién nacido. Así que he tomado la determinación, que aquellos que me feliciten su navidad, serán correspondidos y felicitados en tono jocoso: "tu Navidad, no es mi normalidad, así que no hace falta que me felicites". Todo desde mi ecuánime e impertérrito estado de normalidad.
Y siempre, eso sí, teniendo presente, que no es bueno perder las formas. Un acto simultáneo, con sonrisa instantánea incorporada, que a su vez compartiré, compadeciéndome (algo especialmente importante en estas fechas), como consecuencia de los lamentables y preocupantes estados de estupidez transitoria de los afectados. El objetivo no es otro que animarles, y apoyarles todo lo que pueda, bien sea en sus recaídas anímicas, afectivas, etílicas, emocionales, digestivas, consumistas, y espirituales, propias de estas "fiestas" tan alegres, y de efectos tan contradictorios y "beneficiosos" para todos. Y al decir TODOS incluyo al reino animal y vegetal, especies que por capricho y deleite de la especie humana van a ser talados y sacrificados para decorar los salones de millones de hogares y llenar el apetito desenfrenado e inmisericorde de una despiadada gula, en lugar de destinar todo ese gasto innecesario en ayudar a personas que están en situación de extrema necesidad.
"Canta, rie, bebe/ que hoy es Nochebuena/ y en este momento no hay que tener pena/". Estooo...¿se animan...?
José Luis Meléndez. Madrid, 22 de diciembre del 2016
Fuente de la imagen: wikimedia.commons.org
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