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4 de abril de 2014

En la gatera

El mismo viernes, veintiocho de Marzo, coincidiendo con la publicación en Pluma en Ristre de “La declaración”, procedimos – la pluma y yo - a adjuntar una copia de la misma, a la familia de la protagonista, la gatita Blacky. El encuentro fue como se imaginan emotivo. A las 16:30 h llamamos a la puerta de su casa , un modesto chalet, desde el cual salía mi amiga felina iba a visitarme, dos filas de casas más allá de donde resido. Parece que no hay nadie, pero el ladrido de un perro en el interior de la casa, nos infunde ciertas esperanzas que alguien nos abra la puerta.

Una mujer asoma su rostro por la ventana adjunta a la puerta, comprueba quienes somos, nos reconoce e invita amablemente a entrar. Su nombre es María del Carmen, y es la “madre” de la felina. ¿Madre?, ¿porqué este adjetivo?, se preguntarán. La Pluma Verde, omite adjetivos como propietario, dueño, amo, etc, que nos retrotraen a tiempos pasados de la esclavitud. ¿Quién es dueño de quién? ¿quién influye sin llegar a dominar los sentimientos de quién..? Unas veces uno y otras veces otro.

Ya ven, tan solo por el lenguaje que emplea el acompañante de la mascota, podemos llegar a saber que concepto y por ende, que clase de relación tiene dicho sujeto con su mascota.Compañera, amiga, amante espiritual, son términos en los cuales los valores de Igualdad, Libertad y Fraternidad llegan a tomar cierto protagonismo. ¿O es que en pleno Siglo XXI, alguien puede llegar a dudar que estos valores universales solo están restringidos al género humano, y no al resto de la naturaleza...?

Pero lo más sorprendente e incluso humillante como humanos, es comprobar como en estos tres valores las mascotas nos dan mil vueltas, en proporción a los recursos que disponen. Si hablamos de Libertad: ¿quién otorga más libertad a quién de ser como se es, o de movimiento, el sujeto o la mascota? Si lo hacemos de Igualdad ¿cual de las dos partes se posiciona escalones arriba como un ser superior desde principios de la humanidad por encima de la otra?

Y en cuanto a Fraternidad: ¿cuál de las dos especies es más fiel a la otra, independientemente de su situación financiera, salud, etc...? Sin hablar de malos tratos o abandonos.¡Cuántos maestrillos de apariencia humana, todavía sin darse cuenta, reciben cada día lecciones de estas criaturas con menos cultura, pero con más valores...!

Una vez hecho este inciso, y aclarada, al menos eso espero, la utilización de este adjetivo, volvemos a casa de Mari Carmen. Después de saludarnos y acariciar a su perrito, al cual le caemos bien –olemos a perrita -, pasamos a explicarle los motivos de nuestra inesperada visita.
- Carmen: ¿Tú tenías una gatita blanca y negra, verdad?
- Sí, ¿por qué lo preguntas…?
- La verdad es que tuvimos una relación muy especial. Hace poco he abierto un blog, y esta semana he decidido dedicarle un pequeño homenaje, así que pensando que no tenías internet, te he traído su extracto, pensando que te haría ilusión leerla y guardarla.
- ¡Ay, qué bonito…!

Después de hacerle entrega de la pequeña biografía de Blacky, informarle del nacimiento de “Pluma en Ristre”, e indicarle que dicho relato se encuentra publicado dentro de la sección de “La Pluma Verde”, como saben dedicada al reino vegetal y animal, le animamos a que lo lea en la intimidad, ante la posibilidad de que la emoción nos impida continuar. También le recomendamos que lo “haga saber” a sus hijos Rafael, amigo de la infancia, y María del Carmen, a la sazón doctora de animalitos, o lo que es lo mismo veterinaria. La emoción resplandece, ilumina y relaja su rostro. Aprovechamos para preguntarle por Blacky y le damos detalles físicos de su “indumentaria”. Por la descripción física que le aportamos, nos comenta que sí, que era ella, y que tenía además de esta, otra gata.La primera pregunta de obligado cumplimiento, no se hace esperar:

- Entonces Carmen, ¿ya no está Blacky...?
- Lamentablemente, no. Murió...
- Silencio solemne de la Pluma.
- Y ¿cuál era entonces su nombre?, le preguntamos.
- Se llamaba Linda.
- ¡Qué ilusión, me hará tenerlo y leerlo, Muchas gracias!.

Es hora del paseo de su mascota, y por tanto el momento de despedirnos. Lo hacemos sabiendo que no es una despedida cualquiera. Haber entrado en la casa y en “la gatera de Blacky”, y saber que no volveremos a vernos, es una doble despedida, temporal quizás, sí, pero despedida al fin y al cabo. Mientras caminamos a casa para hacer lo propio con Kutxi, intentamos encontrar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que después de tanto tiempo hayan salido a relucir detalles tan minuciosos de aquel acontecimiento tan especial? Blacky era y será allá donde esté un ser especial, desde luego. Pero ha quedado una vez más demostrado que nuestra mente es fabulosa, tanto o más que el corazón.

José Luis Meléndez. Madrid, 02 de Abril del 2014.
Fuentes de las imagenes: Flickr.com

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