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2 de enero de 2025

Sociedades inmaduras

Las sociedades inmaduras tienden a matar la muerte antes de tiempo

Hace meses, tal vez un año, que llevo viendo en el poste de una señal de paso de cebra, situada a escasos metros de la casa donde vivo, unas flores sujetas con cinta celo. Flores que cada cierto tiempo son reemplazadas por otras más frescas.

El familiar o amigo que las mantiene fielmente amarradas en señal del dolor por la ausencia de su ser querido, me ha hecho empatizar con su estado anímico. Un sufrimiento seguramente proporcional a los lazos de amistad y/o de amor que sentía por la persona o el animal fallecido.

Las fechas de Navidad y el día de Todos los santos, son fechas en las cuales, de una manera inevitable, afloran los recuerdos de nuestros queridos difuntos. Todo ello me ha llevado a plantearme si es justa la forma de recordar y de homenajear a los difuntos que tienen algunas sociedades.

¿Necesita la especie humana unas fechas específicas para acordarse y/o homenajear a sus antepasados? ¿Por qué se determina un tiempo determinado para el luto? ¿Es acaso el dolor o el sentimiento humano una emoción que ha de vivir cada uno de forma similar durante unos días y un tiempo concreto? ¿Un sentimiento estandarizado que hay que tratar y remediar independientemente de la naturaleza emocional de cada uno y de la intensidad de dicha relación con el finado? Lo cierto es que resulta curioso y a la vez sorprendente constatar como las tradiciones terminan por imponerse a la naturaleza humana.

El lenguaje es otro de los factores que delatan al hombre en la relación que mantiene con la muerte. Es comprensible que las personas echen de menos a los que "se fueron". Algunas personas se refieren a los difuntos como los "que ya no están" entre nosotros. Pero el que no estén con nosotros, en vida, físicamente, no quiere decir que no lo estén en el interior de nosotros, cuando evocamos sus vivencias, sus recuerdos.

¿Es justo evocar a nuestros seres queridos en fechas y días tan tristes, en la que la meteorología no acompaña a nuestro estado anímico a la hora de recordar a los nuestros? Estoy seguro que si la especie humana pensase más en los suyos que en sí misma, adelantaría sus homenajes fúnebres a días más luminosos y alegres, más propios de otras estaciones, por respeto a los suyos.

Recordar durante todo el año a los nuestros considero que es la mejor forma de agradecerles el tiempo que estuvieron con nosotros. Porque una cosa es evocar a los muertos y otra muy distinta es hace o propio con los seres queridos.

Hay muertos que permanecen más vivos con su recuerdo en el corazón de uno, que muchos vivos con los cuales uno trata a lo largo del día. Más pena que la ausencia de los nuestros (incluyo mascotas), es no poder o saber mantener encendida esa antorcha de valores y de amor, que mantuvieron permanentemente encendida en nuestros corazones.

Es muy posible que uno/a esté hoy muy enamorado, pero quizás dentro de unos años, cuando la luz efímera de ese ser se haya apagado, vuelva a iluminar nuestro corazón aquel ser de luz que un día llenó nuestra alma y nuestro corazón con su presencia.

Son muchos los seres que pasan por nuestra vida, pero muy pocos los que logran dejar una antorcha inextinguible, que merece ser recordada y sentida sin que el duelo la apague.

Pero, ¿realmente se fueron esos seres queridos o los echó la sociedad a través del duelo antes de tiempo? El objetivo del duelo no debería ser el olvido, sino hacer soportable el dolor de ausencia de ese ser querido, hasta lograr hacerlo no solo llevadero, sino agradable.

No hace falta que uno haya amado. Si uno ha querido a un ser, aunque ya no esté físicamente, su imagen y sus recuerdos están y permanecerán presentes.

El duelo no debería constituir un desprecio y olvido hacia el recuerdo de estos seres ejemplares. La sociedad establece un tiempo de duelo y cuando pasa ese tiempo y uno sigue manifestando ese cariño o afecto, se le tiende a reprochar el tiempo transcurrido, invitándole a cerrar su proceso de duelo.

Esta falta de empatía, sensibilidad, delicadeza y discreción está implícita en el tabú que la sociedad aún mantiene con el tema de la muerte y por ende con los difuntos. Se nos invita a amar, a vivir, pero nadie nos enseña a sobrellevar la muerte. Las sociedades inmaduras tienden a matar la muerte antes de tiempo.

José Luis Meléndez. Madrid, 2 de enero del 2025

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