Europa financió la industria americana con dinero “de las capitales europeas”
Las relaciones de Trump con su entorno son complicadas. Desde su llegada a la Casa Blanca hace apenas un año, los Estados Unidos están menos unidos que antes y su relación internacional con los demás países han tensionado los mercados financieros y alterado y agravado la situación geopolítica mundial.
Todo ello a pesar de que las conversaciones al parecer tan excelentes que mantiene el presidente, según sus palabras, no son tan satisfactorias al compararlas con los resultados de las mismas. Algo parecido a su programa electoral en el cual prometía una América más grande, cuando lo que más crece hasta la fecha, es su cuenta de resultados.
La relación con sus ciudadanos manifestada en su progresivo descontento tampoco es que haya mejorado, según se desprende de las crecientes manifestaciones convocadas a lo largo y ancho del país. Los despidos masivos de la Administración, o la violencia institucional llevada a cabo contra los ciudadanos bien por medio de masivas deportaciones e incluso asesinatos por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE), son una evidencia de ello.
La violencia ejercida en este segundo mandato deja entrever la putinización del presidente americano, rodeándose de sus oligarcas tecnológicos y/o bombardeando población civil que navega en lanchas en Venezuela, al igual que lo hace su homólogo ruso en Ucrania. ¿Quién es entonces el verdadero Trump, el de la primera legislatura, el de la segunda o aún nos quedan por ver nuevas y más preocupantes facetas del primer mandatario estadounidense?
Según el New York Times, “economistas de todo el mundo ideológico advierten que Trump está poniendo al país en una senda que, a largo plazo, dejará una economía menos dinámica, el sistema financiero menos estable y los estadounidenses menos prósperos en las próximas décadas”.
Trump ha demostrado llevarse peor con sus “amigos” y socios naturales que con sus enemigos potenciales, como China o Rusia, tal vez debido a su concepto interesado de la amistad, como ha demostrado con su política económico-arancelaria propia del siglo XIX.
Los intentos de Trump de separar a los americanos de los europeos, del resto del mundo y viceversa por medio de sus mofas o su desprecio, dejando sola a Europa y Ucrania después de pedir un aumento del 5% de contribución a los países socios de la OTAN, ha quebrado, lejos de unir aun más la confianza de los líderes Europeos y transatlánticos. ¿Posee Trump el síndrome del Quijote, y ve enemigos allá donde no los hay? ¿A qué se debe esta extraña actitud de tender puentes y derribarlos antes de dejar pasar a sus interlocutores?
La gran noticia es que los americanos en mayor medida que los europeos, a raíz del comportamiento vejatorio de su presidente con respecto a Europa, han sabido compensar sus constantes agravios, se han dignado a cruzar el puente emocional que aún nos une y han venido personalmente a Europa a interesarse y mostrar su apoyo al Viejo Continente.
El emotivo encuentro se produjo el dieciséis de enero en el parlamento danés. Once miembros del Congreso de EE.UU., nueve demócratas y dos republicanos, visitaron el parlamento danés y se reunieron con la 1ª ministra de ese país para conocer de primera mano sus temores por las amenazas de Trump sobre Groenlandia.
Tras la visita, dicha delegación comprobó que no existía, como afirmó Trump, amenaza alguna de Rusia y de China. Antes de emprender su regreso mostraron su apoyo y su unidad con los ciudadanos daneses, a través de unas declaraciones públicas dirigidas a su presidente americano, afirmando que debía ver a Groenlandia como aliada, no como un activo. Y que Estados Unidos debía respetar los principios fundamentales de soberanía, integridad territorial y autodeterminación, asunto con el que coincidían según las encuestas una mayoría de ciudadanos americanos.
Pero esa no ha sido la única muestra de apoyo pública de los americanos con respecto a los europeos. Hace unos días, el equipo ejecutivo de J.P. Morgan, el banco más grande de Estados Unidos, encabezado por Filippo Gori, tuvo la ocasión de visitar diversas ciudades europeas, con motivo del Foro Económico Mundial de Davos 2026.
Gori reconocido italiano y europeo residente en New York en una entrevista a la revista Actualidad Económica declaró: “Me siento muy orgulloso de la herencia europea”. El banco fundado en Londres en 1860 por junior Spencer Morgan, padre de J.P. Morgan, emigró hacia EE.UU. y financió la industria americana con dinero “de las capitales europeas”. Contrasta la Historia real con las declaraciones de su presidente de que Europa de formó para “joder” a EE.UU. Por lo que se ve Europa ha “jodido” tanto a EE.UU., que gracias a ella, hoy es lo que es (igual que Europa no sería la misma sin la ayuda de los EE.UU.). ¿Cuesta tanto reconocer esta bonita contribución mutua gracias a la cual ambas partes han crecido a nivel cultural y económico?
Los americanos han demostrado a los europeos que los Estados Unidos no son la primera prepotencia mundial que Trump quiere vender. Tal vez sea porque los americanos conocen mejor la Historia de su país que su propio presidente. Basta recordar los países que Estados Unidos adquirió, entre ellos varios europeos, para hacer una cura de humildad hasta convertirse en lo que es hoy.
En el año 1819 España cedió a EE.UU el este de Florida, mediante el tratado de Adams-Onís, con objeto de saldar 5 millones de dólares en reclamaciones de ciudadanos estadounidenses contra España. España no recibió por tanto ningún dinero. Y en 1917, EE.UU. adquirió de Dinamarca, entre otras, las actuales Islas Vírgenes estadounidenses por 25 millones de dólares en oro.
Lo que no ha explicado el presidente en cuestión es que cuando un país como el suyo, compra otro país, no solo compra su territorio sino la nueva forma de vida de sus habitantes, con sus respectivos derechos y obligaciones.
A juzgar por esta última adquisición me atrevo a decir que muchos ciudadanos de las Islas Vírgenes están arrepentidos de la operación que aceptó su país en aquellos tiempos, si comparamos los niveles de vida adquiridos de una y otra parte.
Se comprende ahora mejor el interés de Trump por Groenlandia y la negativa de sus habitantes a vender su territorio y su alto nivel de vida. Los americanos están llamados en noviembre a las elecciones de mitad de mandato. Estoy seguro que una gran mayoría de ciudadanos a estas alturas, también han comprendido que una América más grande (MAGA), no es sinónimo de una América mejor.
José Luis Meléndez. Madrid, 9 de febrero del 2026. Fuente: istockphoto.com