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8 de febrero de 2016

La gran elección (el debate)

El juego
El objetivo es abrir un proceso de reflexión, antes de dar el paso definitivo a una futura relación

Supongo, queridas lectoras, que a muchas de vosotras os ha sorprendido la proposición tan abierta que una servidora os hizo en la edición anterior de esta revista. Me refiero a la publicación "La gran elección (el juego), en la cual os invité a volar y a jugar juntas con la imaginación. Alguna de vosotras me ha manifestado a través del correo (con toda razón), que a ella no se le ocurriría nunca ir a un boys a buscar el amor que tanto anhela. ¿Cuál es entonces, querida Tania, el motivo por el cual nos has sometido a semejante suplicio?, os preguntaréis. Mi intención no era otra que a través de dicho ejercicio, trabajaseis vuestras emociones, formadas por las distintas opciones, vuestro razonamiento representado por vuestras metas, y vuestra zona más instintiva por medio de la visualización de los chicos. Que intentaseis separarlas para gestionarlas mejor, y de esta forma facilitar un mayor conocimiento de vosotras mismas y de vuestras metas, antes de iniciar una futura relación.

El amor, dice un aforismo, es igual que la guerra, se sabe como empieza, pero nunca como termina. Las consecuencias de una mala elección (cuando la vida nos brinda esa oportunidad), pueden condicionarnos el resto de nuestra existencia. Por este motivo, y tras una reflexión sobre el tema, se me ocurrió abrir ese proceso de reflexión, antes de dar el paso definitivo, y de hacernos daño a nosotros mismos y a los demás. Es en definitiva un ejercicio que no lleva nada de tiempo, y a la vez una pequeña contribución para intentar entre todos formar una sociedad con individuos más felices.

Estoy segura que durante estos días de ausencia, habéis tenido entre vosotras momentos para ironizar sobre el sexo opuesto o complementario, según las experiencias de cada una. Y que habéis llegado a la conclusión que si este viaje imaginario, lo hubiesen hecho los hombres, hubieran elegido, sin lugar a dudas la opción del sexo. Pero ¿os habéis parado a pensar lo que pensaría un hombre, si le preguntásemos sobre el hipotético resultado nuestro? Yo os lo adelanto: "Las mujeres no han elegido ninguna opción, por la sencilla razón de que la mayoría de ellas, a la hora de establecer una relación, lo quieren todo o nada". Y esto queridas amigas, tiene nefastas consecuencias como veremos más adelante, lo cual me lleva a pensar: ¿somos las mujeres, demasiado exigentes con los hombres?

La pareja actual: crónica de una muerte anunciada

La cifra del cincuenta por ciento, que confirma el fracaso del matrimonio actual, queda muy por debajo del dato real.


Juraría que todas tenemos en nuestra familia, en nuestro centro de trabajo, o en nuestro círculo de amistades, algún conocido que ha pasado por el doloroso trance que supone un proceso de separación. Es triste recordar las cifras, pero según los últimos datos, la mitad de las parejas que se casan, se separan. Lo que no añaden dichas estadísticas, es que del otro cincuenta por ciento, hay matrimonios que se aguantan, y que no se separan por cuestiones de distinta índole, como pueden ser los motivos económicos, la edad, los principios religiosos, el complejo social, etc. Y para más inri, dichos datos solo tienen en cuenta las parejas que se casan o han finalizado su relación. Es decir, que tampoco contabilizan el número de parejas que antes de llegar al altar o al juzgado, deciden legalizar su situación.

En vista de lo que antecede, la cifra del cincuenta por ciento, que confirma el fracaso del matrimonio actual, quedaría muy por debajo del dato real. Aun así las parejas se siguen casando, así que afinemos un poco más la pregunta para dar con sus presuntas causas y culpables: ¿Por qué la sociedad no ha hecho un ejercicio de reflexión al respecto?, ¿Porqué papa Estado se centra de forma primordial de la educación sexual, y la iglesia en la familia, olvidando a los verdaderos protagonistas de la misma, como es la pareja? ¿Cómo es posible que se bendigan matrimonios en semejante estado de estupidez transitoria, y que el Estado, los de por buenos? ¿Es legal, o incluso moral esta praxis?

Resulta bochornoso que aun en nuestros días, no existan en los colegios, en los institutos, ni en las universidades, un módulo, al que podríamos denominar psicología del amor, en el cual estuvieran contenidos temas con información tan importante como las diversas fases del proceso amoroso: cómo afrontar los desengaños, psicología del hombre, psicología de la mujer, vida en común, aspectos importantes sobre la maternidad y la paternidad, etcétera. Y no deja se ser una ironía que existan asignaturas como física o química, que poco van a aportarnos en nuestro proyecto vital, y que se pase por alto que los alumnos no estudien los procesos físicos y químicos más importantes que condicionan su vida, como es el amor.

En definitiva el objetivo de dicho módulo, sería el abrir un proceso de reflexión en el cual el individuo se plantease cuestiones tan importantes y elementales como si uno está preparado o es compatible con el matrimonio, evitar o al menos reducir el número de fracasos de las parejas que intentan una convivencia estable, recomendar antes de formalizar una futura relación, una mínima experiencia con otras parejas, con objeto de facilitar el auto conocimiento de los cónyuges, y poner todos los medios posibles a su alcance. Los Estados de las sociedades civilizadas, deberían ser de algún modo responsables, y tomar las medidas necesarias y suficientes para prevenir esta terrible lacra, compaginando esta formación con charlas y seminarios impartidos a los padres en los colegios. Está en juego la felicidad de nuestros hijos, y para ello es necesaria una implicación especial de los padres. Los hijos son la sociedad del futuro.

La edad sí que importa

No solo la edad. La cultura, el momento en el cual nos encontramos, la arquitectura mental o emocional forjada a través de las vivencias personales, condicionan al individuo a la hora de inclinarse por una u otra opción del menú amoroso. Por ejemplo una adolescente estará más abierta a iniciar relaciones sexuales, antes que matrimoniales. Una mujer de mediana edad, estará más condicionada por la maternidad, y por consiguiente por una relación estable. Y una mujer de edad madura, es posible que solo le apetezca tener a su lado una buena compañía.

¿Por qué está tan sobrevalorado el sexo?

¿Quién es más celoso, el que comete el desliz, o el que no perdona una aventura sin ni siquiera preguntar sus motivos? Me atrevo a pensar que somos víctimas de una educación errónea y demasiado estereotipada


No hay nada mejor para salir de dudas y darse cuenta de la presión social que la naturaleza y la influencia de los estímulos de la sociedad ejercen sobre el individuo, que preguntar a un psicólogo experimentado por el número de pacientes que acuden a su consulta estresados por algún tipo de trastorno sexual. Recordemos solo algunos de ellos: impotencia, celos, disfunción eréctil, vaginismo, pérdida de la libido, falta de orgasmo, obsesión sexual, ninfomanía, zoofilia, etcétera. Pero a diferencia de otras patologías no psicológicas, podemos observar como detrás de ellas, existen otras personas que sufren indirectamente los mismos o peores efectos. Me refiero por ejemplo a las parejas no satisfechas, o a los padres que deseosos de la concepción de un futuro hijo, no consiguen concebirlos.

Ahora salgamos a la calle, y busquemos su punto "g". Geles lubricantes, muñecas hinchables, vibradores y demás artilugios. Consoladores, bolas chinas, películas porno, páginas web de contactos, sexshops, casas de citas, lugares de intercambios de parejas, etcétera. Por no hablar de los numerosos símbolos fálicos como son los bolardos, determinados envases que simulan la forma y el tamaño de un pene, buzones de correos, construcciones públicas, como el edificio Agbar en la ciudad de Barcelona, y otros más.

Conectamos la televisión y observamos en un cuarto de hora escaso, la sexualidad implícita en los anuncios comerciales, con objeto de despertar e incentivar el deseo de compra. En definitiva, vivimos rodeados e influenciados por continuos mensajes que apelan a nuestros instintos. La sociedad parece por un lado interesada en que el individuo no se duerma sexualmente (quien sabe si por motivos de natalidad), pero por el otro se ausenta a la hora de ayudar a las parejas de una forma afectiva. Recordemos los procesos de inseminación artificial no subvencionados por el Estado, entre muchos otros mencionados con anterioridad.

Lo importante es que los ciudadanos practiquen sexo. Cuestión distinta es quién se ocupa y preocupa de la calidad de los valores, o de la parte espiritual de las relaciones. Los seminarios o charlas para combatir y hacer frente a los otros problemas que padecen las parejas por culpa del estrés de la sociedad, la amplitud de los horarios, la falta de conciliación familiar, brillan por su ausencia. Y temas tan importantes como es el de contribuir a mejorar la comunicación de sus empleados con sus parejas y familia, no se tratan en la mayoría de las empresas del país.

El sexo como vemos, queridas lectoras, es un arma de doble filo, que por un lado nos colma de breves placeres, pero que en un momento puede volverse contra nosotros y contra nuestra pareja. Por ejemplo, ¿es concebible, como ocurre en la actualidad, que una infidelidad puntual arruine una relación armónica de años? ¿Quién es más celoso, el que comete el desliz, o el que no perdona una aventura sin ni siquiera preguntar sus motivos? Me atrevo a pensar que somos víctimas de una educación errónea y demasiado estereotipada, que tiende a relacionar los instintos con los sentimientos. Pero este es un tema que tocaremos en el apartado sobre el amor.

Es difícil concebir un encuentro sexual en nuestros días sin algún toque cinematográfico, un mínimo toque de erotismo, sensualidad, y una buena dosis de morbo guionizado con la anuencia de los protagonistas, es decir, de los amantes. No hay que preocuparse si en la actualidad no se han establecido estos acuerdos. Qué mejor momento que una etapa de monotonía y de crisis para diseñar juntos la obra, los personajes, el vestuario, y el escenario del rodaje, para que la película vuelva a tener un final feliz.

Desmitificando

Estos bulos son creados por algunos sectores a los que no les interesa que el hombre y la mujer confraternicen, con el propósito de volver a pasar por su puerta y hacer caja, aun a costa de familias destrozadas.


Si hay algo que mi corta pero intensa experiencia me ha enseñado, es a no hacer caso de los tópicos. "La mujer no puede separar lo emocional de lo físico". Vamos que somos tontas, y no existen mujeres que practiquen sexo. Todas según algunos, necesitamos sentir la vibración de la emoción, o estar enamoradas. O en versión masculina, la que declara que el hombre como ser bicéfalo, todo el día piensa en lo mismo, y además con la misma cabeza. Le hemos cargado, o quizás acostumbrado al hombre la losa de llevar su arma siempre cargada, y no somos capaces de reconocer que cuando nosotras arrancamos, no hay quién nos pare.¡Basta ya de hipocresía!,¡Qué barbaridad! A veces pienso que estos bulos son creados por algunos sectores a los que no les interesa que el hombre y la mujer no confraternicen, con el propósito de volver a pasar por su puerta y hacer caja, aun a costa de familias destrozadas.

¿Acaso nos contaron bien nuestras madres el cuento (valga la redundancia), de los príncipes azules? ¿Por qué querida mamá no me advertiste del peligro que entrañaba el casarte con ellos? ¿No te diste cuenta que al hacerlo los convertíamos en reyes con todos sus defectos? ¿Ves lo que me ha pasado por mezclar dos géneros tan distintos como el cuento y la Historia? He acabado igual que ellos, sola y separada.

El lenguaje y el amor

El amor no se hace, se siente


Según una amplia mayoría de estudios y de encuestas, la comunicación está considerada como el factor más importante en la relación de una pareja. Conozco sin embargo a muchas parejas que se hablan mucho, pero que se relacionan mal. ¿A que es debido esto? A la calidad de la comunicación. Las mujeres, reconozcámoslo, tenemos el defecto de hablar mucho entre nosotras, pero a veces, sin darnos cuenta, cuando estamos al lado de un hombre, podemos llegar a bloquearle, ya que su capacidad de asimilación verbal es más lenta. Es pues recomendable a la hora de dirigirnos a ellos, hablarles más despacio, sino queremos que vuelvan a dirigirnos la misma pregunta: "¿qué dices cariño...". Estos momentos de acercamiento, antes o después de practicar sexo, son de vital importancia para tratar los temas más importantes, especialmente en los momentos bajos, si la pareja está en una actitud de recepción.

Incluso el lenguaje lo hemos caramelizado todos, para no avergonzarnos ni comprometernos, lo cual supone un evidente autoengaño para con nosotros y los demás. Veamos algunos ejemplos. Imaginemos el siguiente diálogo entre dos amigas:

"Hacer el amor":

- Serena:¿Pero es que no te das cuenta Nadia? Hace un mes que no me hace el amor mi marido.
- Nadia: ¿Hacer el amor? Yo creo que nunca he hecho el amor.
- Serena:No me digas. ¿Y eso?
- Nadia: Nosotros practicamos sexo. El sexo lo hacemos por la noche, y el amor por el día. Nos da más morbo separarlo del amor. Eso nos permite interpretar distintos papeles, y a la vez vivir el sexo y el amor con más intensidad. El amor, Serena, no se hace. Se siente.

Supongamos que a los dos días se encuentran de nuevo las amigas:

"No hace el amor conmigo, porque no me quiere"

- Nadia: Hola Serena. ¿Qué tal guapa?, ¿Se ha arreglado ya lo vuestro?
- Serena :Que va, hija. Si no me quiere (emoción), cómo me va a coger? (instinto)
- Nadia: Pero cielo, ¿no te das cuenta? Estás una vez más relacionando los sentimientos con los instintos. El que no se acerque a ti, no quiere decir que no te quiera. A lo mejor tiene un problema. ¿Has hablado con él?
- Serena: no.

"Follamigo igual a instinto más sentimiento"

Un mes después:

- Serena: ¡Hola Nadia!, ja,ja,ja.
- Nadia: Hola, preciosa. Pero,¿qué te has hecho? Te veo la más de guapa.
- Serena: Adivina, alguien que por fin ha cambiado mi vida.
- Nadia: Me alegro. Tu marido...
- Serena: No, bueno, he conocido un chico. Nada serio. Ya me entiendes, un follamigo (instinto más sentimiento).
- Nadia: ¡Vaya! Veo que te siguen gustando las mezclas.
- Serena :¿A qué te refieres?

Una semana después:

"Una espinita saca otra espinita"

- Nadia: Buenos días, Serena. Te veo mala cara. ¿Te pasa algo?
- Serena:Me ha dejado mi amigo.
- Nadia: Vaya, lo siento. Y ¿qué vas a hacer?
- Serena: Nada, "una espinita, saca otra espinita"
- Nadia: O termina de meterla, Serena. ¿Por qué no dejas pasar un tiempo, y reflexionas?

El amor

¿Por qué si valoramos tanto los sentimientos, no los supeditamos al entendimiento, con la ayuda de la razón?


Antes de llegar al matrimonio, si no se coge ningún atajo,es necesario pasar por varias fases. La atracción física y/o interior nos provoca deseo. El deseo activa nuestro instinto sexual. El sexo aviva la pasión, y esta a su vez, nos conduce a la unión, y a la convivencia. Como hemos visto a través de las conversaciones entre Serena y Nadia, cuando relacionamos el sexo con los demás estados, aumentamos las probabilidades de que cada uno de estos se desplomen, igual que las fichas de un dominó, lo cual nos indica que el "amor sexual", no era ni tan idílico ni tan auténtico como el amor espiritual, supeditado a unos valores morales.

Si nos damos cuenta, el amor es el curso más completo que hayamos realizado nunca, ya que consta de física, de química, tiene su filosofía, su ritual (o religión), su propio lenguaje, y en el que también son necesarias ciertas dosis de matemáticas económicas, y un aceptable nivel de educación física. Tanto es así, que algunos estudios, le consideran como el mejor deporte quema grasas. Pero el amor tiene sus colores, y no solo el rosa, con el cual se le identifica. Quizás por este motivo la gente, si os habéis fijado, va en general a las relaciones, y más concretamente al amor, con mentalidad perdedora. Muchas personas, quizás influenciadas por experiencias pasadas, piensa "como esto va a durar poco, mejor no me implico. Y mientras no exista compromiso, puedo además acostarme con quién me dé la gana".

Las grandes ciudades, son un excelente caldo de cultivo para la infidelidad, la cual se puede ejercer por medio del anonimato. Y también en las ciudades, he observado que la gente no solo se saluda de una forma más fría, sino que además se toca menos, y se dedica menos tiempo que en otros lugares como las provincias. Vamos de románticos por la vida, y cuando se produce una infidelidad puntual, activamos nuestra parte instintiva, y dejamos a un lado la parte emocional. ¿Por qué si valoramos tanto los sentimientos, no los supeditamos al entendimiento, con la ayuda de la razón? Dicho de otra forma: ¿Por qué damos más importancia al amante esporádico, que al compañero de toda la vida? Parece que con el paso de los siglos, no hemos aprendido a relacionarnos, y preferimos correr el riesgo de seguir practicando sexo con personas que son excelentes compañeros/as en la vida, y que luego influenciados por la curva descendente del sexo, perdemos irremediablemente con el paso del tiempo. Y de esta forma no solo se nos va el amante, sino lo que es más triste e importante: el amigo.

Logros y hechos como el divorcio, el control de la natalidad, la información sexual, la fecundación in vitro, parejas de hecho, o el matrimonio homosexual,han supuesto grandes avances para la sociedad, desde hace cuatro décadas a esta parte. Todo esto nos lleva a imaginar (si una se desprende por un momento de los estereotipos adquiridos), que la sociedad del futuro, pongamos por caso el año dos mil cien, la civilización de entonces, habrá sufrido cambios aún más importantes. Es posible incluso que por entonces, los matrimonios contraigan enlaces con valores más elevados y focalizados, en donde se acuerde una sexualidad más abierta y/o a la carta, antes de dicho enlace. Muchos de los que se lleven hoy las manos a la cabeza al escuchar esto, quizás hayan olvidado, que hace apenas unos años, había que casarse virgen. Y que el sexo practicado antes del matrimonio era mal visto e incluso pecaminoso. Es posible que con medidas como estas, se ahorrasen muchas rupturas. A mí un amigo que escribe en un blog, ya me ha hecho una propuesta en este sentido. ¿Vosotras que haríais...?

José Luis Meléndez. Madrid, 6 de febrero del 2016

Fuentes de las imagenes: Flickr.com. Imagen3: Flickrhivemind.net

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