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25 de febrero de 2016

Chica conoce chico

Así que, como vemos, las parejas, desde hace unos años, no llegan lo unidas que debieran al matrimonio

La elección: ¿quién elige a quién?

Hay una imagen, a pesar del excesivo tiempo transcurrido, que no he conseguido olvidar, y es el día en que uno de mis ex, me dijo que éramos las mujeres, las que elegíamos y dejábamos a los hombres. Una afirmación para la que muchas mujeres actuales no estamos acostumbradas a escuchar de los labios de un hombre. Y si la afirmación la pronuncian con un tono como de haberte cogido infraganti, una se queda dialécticamente desarmada a la hora de poder rebatir reconozcámoslo dicha aseveración. Y con más razón si esta afirmación procede de otra persona de tu mismo sexo, como era una de sus ex, la cual le advirtió, quien sabe si para hacernos daño.

A partir de ese momento, lo reconozco, la relación cambió y empezamos a mirarnos de forma distinta a como veníamos haciéndolo. Era como si la cuerda se hubiese tensado, y la rivalidad, en lugar de la concordia, hasta entonces reinante, hubiese causado mella entre nosotros. Como si las fichas, hubiesen vuelto a su punto de partida. Pero no voy a echar balones fuera. Es mucho más sano reconocer que no supimos gestionar los límites aparentes de esta línea roja, y de esta sombra que apareció en nuestras vidas hasta entonces inexistente.

La relación, como era de esperar, acabó a los pocos días, al igual que en otras muchas parejas, incapaces de haber quedado como amigos. También gracias a él, tuve conocimiento de las opiniones que otras mujeres de distinta nacionalidad (las cuales prefiero omitir, para no demonizarlas injustamente), y que versaban sobre el pésimo trato que muchas mujeres españolas dispensan a sus consortes. Y a una, por diversos motivos que detallaré más adelante, no le extrañan las cifras alarmantes y con tendencia a la baja que ofrece el INE, sobre el fracaso matrimonial en España.

De todo lo anterior, me atrevería a deducir que las españolas no debemos ser unas excelentes cazadoras, cuando la mayor parte de nuestros corazones se nos escapan de las manos, o los dejamos marchar en busca de una mejor vida. Por supuesto que los hombres tienen mucho que ver, pero no es menos cierto, que en la mayoría de los casos, el primer y el último paso, solemos darlo nosotras. Algo por lo que a una empieza por invadirle una inmensa sensación de responsabilidad, sobre todo si pensamos en los posibles hijos.

Digo esto, porque muchas de nosotras somos proclives a presumir de ir sobradas de intuición, de sextos sentidos, pero cuando echamos mano de las cifras, terminamos dándonos cuenta de que no sabemos utilizarla cuando nos es más necesaria. Y de esta forma cometemos la más grande de las infidelidades antes de llegar al matrimonio, como es la de no saber lo que queremos, o la de no haber sido sinceras con nosotras mismas, en nuestra justa medida. Eso si, también contribuimos entre los dos sexos en aumentar los ingresos de las arcas públicas, por medio de la contratación de segundas y/o terceras hipotecas.

Así que como vemos, las parejas, desde hace unos años, no llegan lo unidas que debieran al matrimonio

Así que como vemos, las parejas, desde hace unos años, no llegan lo unidas que debieran al matrimonio, cuando vemos que entre sus miembros no son capaces de perdonarse un desliz, que a su vez aprovechan para convertirlo en un acto de infidelidad, sin distinguir siquiera si nuestra pareja ha mantenido una relación esporádica y carnal, en lugar de un escarceo más espiritual y perdurable en el tiempo. Y lo que es más triste, primero se comenta la noticia a la familia y a los amigos (en lugar de ir al psicólogo), que no siempre son buenos consejeros, por mucho que sus intenciones si lo sean, e incluso antes de haberlo hablado entre los dos, en un ambiente y en un momento apropiado.

Quizás esto nos pase por haber jugado tanto a las muñecas, y tan poco con los muñecos. O que a los hombres se les acuse de afeminados por verles jugar a las cocinitas o con alguna figura de mujer antes de tiempo. Que nos hayamos clasificado por colores, creando un color para cada sexo. Que una mujer vestida de azul o un hombre de rosa levanten aun en nuestros días sospechas. Algo no estamos haciendo bien en la pareja en España, cuando somos uno de los países con mayor índice de separaciones, y en casos de violencia de género. Mientras sigamos hablando más de violencia física que maltrato psicológico, no estaremos enfocando las verdaderas causas de esta preocupante lacra social.

La presión social a la que nos vemos sometidas a la hora de estar estupendas, esbeltas, sanas, y de ser encantadoras con todo el mundo, o la de elegir un buen macho a la hora de formar una familia, antes que la esterilidad propia de los años se cierna sobre nuestros órganos reproductores, son una muestra evidente de ello. Una verdadera trampa, si una lo ve a posteriori con la objetividad, la relatividad, y la experiencia que te dan los años. Porque a esa edad ni nos conocemos, ni sabemos lo que realmente queremos. Por lo tanto, la comunicación, por muy buena que sea, nunca llegará a ser tan auténtica como la que proporciona el paso de los años. Una edad en la que nos dicen que lo más importante es quererse mucho, y no mejor. No es de extrañar por lo tanto, tanto fracaso, valga la redundancia. Esperemos pacientes, queridas amigas a que alguna se le ocurra congelar nuestros ovarios, y casarse segura más tarde.

Pero por fortuna para todas y todos, los tiempos han cambiado, y hoy en día, no es necesario casarnos para ser madres. La adopción permite a muchas parejas y mujeres que desean seguir solteras su auto realización como personas. Ahora, además, podemos escapar de la manipulación sexual y emocional a la que antaño nos vimos sometidas, y que nos exhortaba a no practicar sexo, sino era dentro del sagrado vínculo del matrimonio, y con fines exclusivamente maternales. La misma que nos decía que si practicábamos un ejercicio tan sano y liberador como es la masturbación, poco menos que nos íbamos a quedar ciegas. ¿Más de lo que ya nos tenían?, muchas veces me he preguntado.

Aún así, hoy en día sorprende ver como la sociedad sigue lanzando sus mensajes para intentar excitar nuestros órganos genitales, en detrimento de otros emocionales e intelectuales, como el corazón o el cerebro. Nada ha cambiado. Hoy en día es más macho el que tiene más grandes sus atributos, o el que está poco menos que todo el día empalmado sexualmente, aunque no sepa lo que es estarlo emocional o intelectualmente: "Qué raro este chica que está todo el día en la biblioteca. Si, si...pero ¿has visto que culo tiene?".


Palabrotecnia marital

Luego están las frases y el vocabulario de estilo, tipo marido - mujer, que limita nuestra forma de comunicarnos libremente: "cariño, cielo, casar, pareja, amor, matrimonio, novio", entre otras. Eso no quiere decir que una no sea romántica. Lo soy, y seguramente mucho más que todas aquellas adeptas y adeptos de la iglesia del amor que emplean estos términos, incapaces por su falta de imaginación (y quién sabe de enamoramiento), de inventarse otros términos. Por eso me gusta llamar a mi compañero con nombres y frases originales y a la vez afectuosas que nacen de mí misma, sin necesidad de tener que acudir al supermercado etimológico de las palabras más ñoñas. Y también por eso en lugar de utilizar toda la palabrotecnia marital, en lugar de decirle "te quiero", prefiero simplemente cogerle del brazo, o decirle frases del tipo: ¿sabes que me encuentro muy bien a tu lado?

Tampoco me gusta el término formalista, numérico y un tanto frío para definir la unión de dos personas, como es el término de pareja, sino el de compañero. Lo encuentro un concepto más cálido que me hace a la vez sentirme más acompañada, cada vez que lo pronuncio. Ni la de "matrimonio", un término que lejos de igualar la relación, nos da un cierto protagonismo a las mujeres. ¿Hubiéramos tolerado nosotras para definir nuestro enlace una palabra como "patrimonio"? Lo dudo, y mucho. "El matrimonio es para toda la vida", nos decían. Maldito concepto. Lo odio porque te proporciona por anticipado, esa desconsoladora sensación de monotonía y de tedio, en la que todo ya está hecho, atado, y bien atado. En la que parece no haber espacio para la improvisación y la espontaneidad. Creo que otra de las causas de los fracasos entre las parejas es el ver al otro como algo distinto y distante. Por eso he borrado de mi diccionario las palabras marido o mujer, y en su lugar utilizo la de compañero, un término más igualitario y con el mismo rango. Algo que nos permite vernos como iguales en lugar de como rivales.

La Administración

Del mismo modo, considero que una de las causas de que haya tantas separaciones, es el régimen jurídico y económico de gananciales. Estoy segura que un régimen único de separación de bienes, evitaría muchos matrimonios falsos o de conveniencia. Cuestión distinta es que a la Administración le convenga más el sistema en el cual gracias a las separaciones se firmen más hipotecas.

Por otro lado, llama poderosamente la atención que existan en algunas Comunidades autónomas como Madrid, existan figuras como la del mediador familiar, destinados a la resolución de conflictos post matrimoniales, y no existan dichos árbitros en una fase preventiva y anterior al matrimonio, que podrían evitar males mayores, como convivencias destinadas de antemano al fracaso, que animarían a sentarse y reflexionar a los cónyuges, sobre la importancia de dicho paso, y a la vez les permitiría reiniciar mentalmente su posible esquema mental de confrontación, y orientar y evaluar dicho proyecto en común.

En definitiva, por mucho que la ONU, defienda y propugne la respetable unión de todos los Pueblos, mientras los distintos Estados, no tomen medidas en aras de una auténtica unión y felicidad de las personas que forman su Estado, los remos del barco, en el cual navegamos, nos conducirán en direcciones opuestas. Pero no hay que desesperar por ello, porque siempre nos quedará como esperanza algo que yo misma he venido en denominar "La Ley del ascensor", por medio de la cual las personas casadas que están dentro del matrimonio seguirán deseando salir, y las personas solteras que están fuera harán lo propio por entrar. Como dice la canción, gira el mundo, gira.

José Luis Meléndez. Madrid, 24 de febrero del 2016
Fuentes de las imagenes: Flickr.com

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