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26 de octubre de 2015

La reconquista

Qué fácil es rendirse a los instintos, y olvidarse de los sentimientos

Hemos discutido. La tensión acumulada durante todo este tiempo, ha estallado. Hace un mes que no me coge, ni me abraza. Hoy no me ha hablado, y para colmo, me ha bajado la regla. ¿Alguien da más? Adjudicado a la una, a las dos, y a las tres.
¿Dónde está mi madre? En el cielo. ¿Y mis amigas? Con sus maridos. ¿Y mi hijo Borja? Con mi ex. ¡Madre mía! ¡Qué racha! Estoy por llamar a una correduría de seguros, y contratar una póliza de psicólogos, las veinticuatro horas. Eso sí, requisito imprescindible que sean hombres. Puestas a elegir…

Me imagino un servicio telefónico y personalizado, al cual poder realizar llamadas, en estos días de bajón, vestida con ropa interior desde la cama, con objeto de sentirme al menos escuchada y atendida. ¡Dios mío, que placer! Menos mal que aún me queda algún resquicio de imaginación transgresora, erótica y perversa, con la cual poder relativizar y neutralizar estos duros momentos. De lo contrario, ya hubiesen acabado conmigo. Seguro.

No lo entienden. A todos los hombres con los que he salido, les ha molestado que quedase con mis ex. Tanto es así, que por su culpa, he ido perdiendo el contacto con todos ellos, menos con Luis, mi ex actual. Qué culpa tenemos las mujeres, se saber quedar bien, a diferencia de ellos, con nuestros "ex cupidos" novios, me pregunto. Menudo marrón que me he buscado yo solita. El caso es que Jorge, el chico con el que salgo, me ha cogido el móvil mientras me duchaba, y ha leído el maldito mensaje que hace unos días me envió mi ex Luis: “Eva, he llegado. Habitación 205, Besos”.

Le mentí con la socorrida excusa de una reunión, y con algún problema médico de mis amigas. Está, con toda la razón, tan dolido, que ni siquiera me mira a la cara. Debo de darle asco. Me pregunto cómo hubiese reaccionado yo, si le hubiera cogido quedando con una de sus ex. Mira que me lo dejó claro, el día de nuestra primera cita: “Eva, si algún día tienes un desliz, prefiero que me lo digas, antes de enterarme por otros medios. Estaré dos o tres días raro, pero al final te agradeceré el detalle, y valoraremos juntos que me lo hayas contado".

Con el transcurso del tiempo, terminó de contarme el resto de la historia. Cuando era pequeño, cogió a su madre besándose con un amigo de la familia en la cocina de su casa. Y al cabo de los meses, saliendo en ropa interior de una de las habitaciones, mientras su honesto padre trabajaba. Al día siguiente, no pudo contener su asombro, su rabia, su impotencia y su indignación, y terminó por contarle lo ocurrido a su padre. Éste a su vez habló con su madre, y ésta lejos de entenderle, le hizo desde entonces la vida imposible, e intentó separarle de sus hermanos.

Pasados los años, y por cuestión de principios, optó por obviar esta información a su ex. Esta nunca entendió sus celos, y optó entre otros motivos por dejarle. Hace unos años, según me dijo, tuvo una relación corta, pero intensa con una chica, a la cual cogió hablando por el móvil con otro chico, mientras cerraba una cita llamémosle romántica con él, en casa de sus padres. Desde entonces, no ha tenido ninguna relación.

Estoy asustada. Una extraña sensación de responsabilidad y de miedo me invade, por lo que pueda pasar por su cabeza en estos momentos. No he tenido la fuerza de negarle que aquél día pasó algo. Pero estoy dispuesta y preparada para contarle la verdad, con tal de causarle el menor daño posible. Es tan buena persona, que prefiero morir emocionalmente lo más dignamente posible, antes que traicionar y herir una vez más su gran corazón. Al menos me queda el consuelo de haberle ayudado al principio de nuestra relación. Parecía incluso haberlo superado. Han sido tantas las noches en que abrazados, ha llorado su rabia, su impotencia, y su dolor, en mis hombros, que ayer no aguantó más, y tocó fondo.

Antes de cenar, quizás con la excusa de no sentarse a mi lado, se marchó sin despedirse, y volvió a las tres de la mañana, apestando a alcohol, y a un perfume barato de mujer. Es la primera vez que en lugar de venir, se ha acostado en la cama de Borja. Ni siquiera me ha reprochado aquel día en el que le hice deshacerse de las fotos de sus ex. Todavía no sé, como he podido cometer el error de quedar con él, sin decírselo. Y como he sido capaz de ir más lejos de lo que mi honestidad y mi moral me permiten. A pesar de haberme acostado solo con su cuerpo, me siento sucia, y creo que por momentos me estoy volviendo loca, de hablar continuamente sola: “Déjalo Eva. Es inútil. Por mucho que te duches, esa mancha interior e indeleble, te perseguirá el resto de tus días”.

Solo me queda una salida digna. Reconocer y rectificar mi error. Qué fácil es rendirse a los instintos, y olvidarse de los sentimientos. Lo siento. Perdóname, mi vida. Tienes toda la razón. Hace mucho tiempo que no me sentaba a tu lado, te miraba, ni cogía esta foto del salón, en la cual estamos juntos. Ahora lo entiendo: quizás ha sido mi infidelidad el motivo que me ha impedido hacerlo. ¿Qué es el placer loco y esporádico, comparado con el cariño reposado y permanente en el tiempo, que solo tú, mi amor sabes darme? Perdóname, te lo suplico. ¿De verdad que he estado tan ciega, como para creerme que alguien me amaba, mientras me hacía el amor? Y después de hacer el amor, ¿qué hacen entonces (valga la redundancia) los enamorados? ¿Seguir mintiéndose y utilizándose bajo una coartada perfecta, con objeto de utilizar ambos el cuerpo del otro, y desfogar así sus más bajos instintos pasionales?

Voy a luchar por nuestro amor, como ninguna guerrera ha luchado. Mi amor es mucho más espiritual del que tú y hasta yo misma creo. No me importa que no podamos tener más hijos. Adoptaremos una mascota como en su día hablamos. Prefiero sacrificar mi maternidad, antes que perder mi verdadero amor. Ven conmigo, mi cielo. Dame la mano. Sube al coche, y no hables. Vamos juntos a un lugar especial. Pon tu mano en mi pierna mientras conduzco, como hacías antes.
Ya hemos llegado. ¿Recuerdas? Es la parcela de las afueras del pueblo, en la que aquella noche, bajo el sonido de la lluvia en el capó, hicimos por primera vez el amor.

Ten. Póntelo. A ver si te queda bien. Es de oro. Quiero que sepas una cosa, Jorge: eres el amor de mi vida. A ver, a ver…deja que mire debajo del asiento. Toma, haz el favor de abrirla. Pero antes, salgamos fuera a brindar bajo la luz de la luna, por nosotros y por siempre. Quiero que rocíes todos los cristales del coche con champán. Como aquella noche en la que se fundieron nuestros cuerpos en uno solo. Y que después, mi príncipe, descubras como solo tú sabes, la lencería nupcial que llevo encorsetada en mi interior por y para ti. Si lo haces, podrás descubrir la flor que en señal de mi amor, estoy deseando entregarte.

Solo y siempre para ti, mi querido esposo.

José luis Meléndez. Madrid, 25 de Octubre del 2015
Fuente de la imagen: Flickrhivemind.com

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