Translate

26 de septiembre de 2015

La espera

Cualquier hombre, puede penetrar tu cuerpo, pero muy pocos tu corazón

¡Maldita sea! Tenía que haber mostrado un mayor entusiasmo, aquel día que me propuso quedar y conocernos. Entonces, él había sido invitado por unos amigos comunes, a los cuales sigo admirando, pero con los cuales ya no tengo una relación directa. Haber quedado hubiera supuesto no haber estado pendiente de él, y los amigos, me hubieran notado lo suficientemente ausente, como para delatar públicamente mis emociones. Hace ya tres años me envió una solicitud de amistad, y a los pocos meses de estar conectados, nos cruzamos los teléfonos, y un día decidió llamarme. Recuerdo aquel día con una emoción especial. Su voz era jovial como su rostro, a pesar de su edad madura. Nuestras voces se acompasaron a la perfección, como si nos conociéramos y hubiésemos hablado de antemano en un pasado no muy lejano.

Con la banalidad de las primeras palabras, conseguimos disimular nuestras palpitantes emociones, y, después de los veinte minutos que duró la conversación, él me propuso de una forma indirecta, quedar algún día, con la intención de conocernos. En ese momento, me sentí la mujer más dichosa del mundo. Intenté modular mi voz, para que el no notara mis emociones. Después le respondí con la inmediatez y naturalidad que todo hombre reclama: “¡Claro!, podemos vernos, cualquier día después de la oficina. Los fines de semana suelo quedar con amigos habituales”. A partir de ese momento, su voz se volvió más apagada y cadenciosa.

Me pregunto ahora, como pude ser tan torpe. Imagino la sensación suya al colgar como la de un plato de segunda recién descongelado. Si al menos hubiese acudido a la cita, aprovechando la naturalidad del encuentro, hoy no seríamos dos almas desconocidas, atraídas por la física de nuestros cuerpos, y la gravedad emocional de nuestros corazones. Prefiero no pensar sobre el concepto que tendrá de mí. Para colmo le dije que me encontraba en un momento de reflexión. Una explicación real, si, pero no exenta de ciertas sospechas, para alguien que no conoces. Debí de dar la misma imagen que la de un rollito de primavera empezado, en su salsita agridulce. Siento una rabia inmensa de no haber estado a la altura de las circunstancias, cuando días antes de su llamada, ignoré el tierno mensaje que me dirigió en un irresistible diminutivo. Es tan mágica esta situación de levantarse todos los días, y sentir por alguien estas mariposas aleteando en el estómago, que no me atrevo a enviarle mensajes, llamarle o quedar con él, por miedo a que este hechizo se deshaga al conocernos.

No. No es el otoño. Es la rabia contenida, la que hace que hoy me sienta bajo el flexo de mi mesa, y me recueste sobre el colchón de mi cama, ausente de mí misma, y del mundo que me rodea. ¿Qué hará ahora mismo? ¿Cuántas mujeres estarán hablando con él? ¿Seguirá interesado en mí? Hace mucho que le noto distante. Él al menos tuvo el detalle de acordarse y de felicitarme por mi cumpleaños. Ahora hace unos días ha vuelto a hacerme unas preguntas insignificantes, sobre unas fotos en las que aparezco, quizás con la excusa de un nuevo acercamiento. Lo reconozco. Se me ha ido de las manos. Si él siente lo mismo que yo, como así creo, estos tres años, han sido una prueba más que suficiente para haberle al menos insinuado mis intenciones. Ahora sí que estoy segura de quién es y lo que siento por él, pero tengo miedo de que se harte de esta situación. No me cabe la menor duda de que Luis, es el hombre ideal para formar una pareja. No hemos hablado de hijos, pero a esta edad que importa. Sé que le gustan los animales, y que sería una bonita alternativa formar juntos esa familia que toda mujer desea.

En los comentarios que escribe, se le ve reacio a una hipotética relación de pareja, pero mi sexto sentido me dice que sería un compañero ideal. Creo que en el fondo necesita una mujer, pero me da miedo dar el paso, y sentirme rechazada. La última zorra, le ha debido de engullir el corazón. Estaría dispuesta a darle todo el cariño del mundo. A cantarle las nanas más dulces. A dormirle en su cuna, y prescindir de su presencia nocturna, con tal de tenerle y sentirle más próximo y cercano. No sé si será cuestión de la edad, o un rasgo de madurez, pero lo cierto es que nunca he tenido esta sensación serena y apacible de cómplice reciprocidad. Más exenta de pasión que cariño, menos necesitada de sexo, y más de abrazos, besos y miradas.

Ya han pecado demasiadas manos en mi cuerpo. Ahora tan solo anhelo sentir la ternura de sus palabras en el interior de mi corazón. Al fin y al cabo, cualquier hombre puede penetrar tu cuerpo, pero muy pocos tu corazón. ¿No será esa vela encendida, el fuego de mi deseo? ¿No será su luz, la mirada de sus ojos, y este incienso que respiro, la presencia de su alma? ¡Ay...!, si supiera que cada día escalo su muro, y me cuelo por la ventana virtual de su habitación. Que llevo guardada en el móvil, su imagen que me acompaña. Que siento mojado mi cuello, mientras mis senos abraza. Que duerme pegado a mi cuerpo, mientras en sueños me ama…

José Luis Meléndez. Madrid, 26 de septiembre del 2015
Fuente de la imagen: Flickr.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario